Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, asegura que un País con gran desigualdad tiene menos posibilidades de crecimiento que uno con reformas estructurales que favorezcan la equidad. Estas reformas son el pivote del cambio social del Siglo 21.

La economía y la historia enseñan que cuando la competencia no rige la política de Estado en un País, quienes más sufren son los más necesitados. Cuando no existen condiciones de competencia en los mercados, las empresas que tienen poder para determinar precios o reducir la oferta, lo ejercen de manera que los consumidores paguen más por los bienes que consumen. 
Estas empresas concertadoras tienden a evitar el desarrollo de proveedores y su actuar perverso, afecta cadenas productivas en perjuicio de las pequeñas y medianas empresas.  Cuando este problema se generaliza, beneficia a un grupo muy reducido de empresarios que aumentan sus dividendos, creando inequidad y afectaciones en la distribución del ingreso, lo que impacta negativamente a la eficiencia económica, dado que en condiciones de competencia, se podría tener mayor cantidad y variedad de bienes y a menores precios. Cuando son pocos quienes tienen acceso a productos, se percibe un marco generalizado de desigualdad entre la sociedad.

Por estos motivos, fue claro y oportuno que el Gobierno mexicano advirtiendo esta necesidad promoviera una Reforma Estructural que alentara la competencia económica, que se convirtiera en la herramienta más eficaz de fomento al desarrollo económico, donde cada mexicano pudiese alcanzar sus objetivos y realizar satisfactoriamente sus aspiraciones, y eso se materializa por medio de garantizar la libre concurrencia en los mercados, para que existan cada vez más emprendedores y empresas con oportunidades para competir. Si existen condiciones adecuadas de competencia, es factible acortar la brecha de la desigualdad social, es una forma de redistribuir y crear ingreso favoreciendo los mecanismos de mercado. El Fondo Monetario Internacional, ha precisado que la igualdad económica fortalece al crecimiento de un país más que el bajo índice de corrupción y la reducida deuda pública (sin desconocer lo negativo de estos), el libre comercio o la inversión extranjera.

La competencia y la libre concurrencia permiten ensanchar los horizontes para la cimentación de un mejor país, de un México más justo. Por ello, el rol de la política de competencia, además de beneficiar a los consumidores mediante precios más bajos, mayor calidad y diversidad de bienes, apoya las políticas orientadas al crecimiento y bienestar social en beneficio de la gente. La competencia promueve una sociedad donde el beneficio alcance a todos. Al procurar la libre concurrencia se crean oportunidades para emprender nuevos negocios y ello hace posibles nuevos bienes, mayores empleos  y mayor inversión. Las extraordinarias utilidades que reciben las empresas emanan del bolsillo de los mexicanos, al reducirse estas, significa que las empresas se desarrollan en ambientes competitivos y que los precios que se pagan por los bienes son los más justos. De esta manera, el ingreso disponible de los consumidores, les otorga la oportunidad de adquirir otros bienes que también consideren necesarios.

La Reforma Estructural en materia de competencia económica, ha tenido un gran impacto para nuestro país, tanto en el ámbito interno como en el contexto internacional. En el presente sexenio, México  ha superado las previsiones que existían en el pasado sobre temas de  competencia y apertura comercial. En la  reciente Declaratoria del Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, México avanzó cuatro lugares. En el subíndice sobre efectividad de políticas antimonopolios, nuestro país aventajó 37 posiciones.

La competencia, no debemos entenderla como un fin, sino como medio para equilibrar la balanza de desigualdad social, ser mejores, más productivos y para lograr que nuestra sociedad sea próspera.

El Gobierno de la República ha hecho de la competencia una política de Estado. La competencia en los mercados es la mejor guía para utilizar los recursos, la vía modernizadora para superarnos en lo individual y en lo colectivo; como familias, como empresas, como sociedad, como personas y como mexicanos. Este es el reto que tenemos como país: adoptar una nueva y sólida cultura de competencia que nos catapultará a encontrar nuevas y mejores condiciones de vida, de justicia y de equidad e igualdad social entre los mexicanos.

* Secretario Adjunto a la Presidencia CEN PRI
Alejandro Gutiérrez Gutiérrez*