En el mundo bipolar de la guerra fría por lo menos existía el tenso equilibrio geopolítico entre ideologías antagónicas, ahora el enfrentamiento multipolar es entre países capitalistas.

La humanidad se debate entre pugnas de poder económico que se articulan con enfrentamiento político-militar. Los efectos naturales adversos de la globalización y sus contradicciones se agudizan y las respuestas de los gobiernos generan tensiones que expresan posibles guerras comerciales, en conflictos bélicos y terrorismo. 

Los precios competitivos a nivel global implican reducción de costos salariales, por eso el traslado de inversiones a países con menos salarios (como México) y las migraciones por causa económica. Contradictoriamente dicha estrategia en países desarrollados provocó reducción de empleo, concentración de la riqueza, débil mercado interno y conflictos sociales. En EU esto ha obligado al inmediato y descontrolado proteccionismo de Donald Trump, por la urgencia de cumplir promesas de campaña de generar puestos de trabajo e incrementar el ingreso, para favorecer el bienestar que en tres décadas se ha reducido en ese país.

La crisis económica en el vecino país, gestada desde inicios del presente siglo por la desregulación hipotecaria –entre otras causas- y que explotó en 2008 arrastrando al mundo entero, posicionó de manera muy débil a la economía estadounidense y europea, impulsando a países emergentes que, a pesar de la crisis mundial, han orientado su economía con políticas de Estado, como Rusia, China e India.

El petróleo y sus derivados, además del gas natural, son recursos naturales estratégicos para la expansión del capital y el dominio geopolítico. Por eso la ben Venezuela por ubicarse en ese país una de las reservas petroleras y de gas más importantes del mundo; asimismo la crisis humanitaria en Libia, un país de nadie y con tribus armadas en conflicto, pero ya la extracción petrolera con control europeo; de ahí la guerra en Siria para controlar la ruta de intercambio comercial entre Asia y el viejo continente, tanto terrestre como por el mediterráneo, y para anular la presencia de Rusia (que abastece de gas a gran parte de Europa oriental) e Irán en ese estratégico país.

Ni la ONU precisa los autores del bombardeo con armas químicas en la ciudad Duma el 7 de abril, más aún porque este tipo de armamento lo poseen terroristas radicales islámicos, pero los gobiernos de EU, Inglaterra y Francia responsabilizaron al régimen sirio del presidente Bashar Al Asad de dicho ataque, lo que fue un pretexto para el lanzamiento “estratégico” de misiles a Damasco y posicionarse de nuevo en el conflicto, ya que tanto el Estados Islámico como los rebeldes están prácticamente desmembrados por las fuerzas armadas sirias y el apoyo logístico de Rusia.

Como segunda economía mundial China es protagonista importante, su influencia económica es significativa en Asia, América Latina y otras regiones, por ejemplo es mercado de exportaciones de Australia, Rusia, Corea del Norte, Brasil y Taiwán; su PIB representa el 62 % del PIB de EU y su ingreso per cápita es 14% respecto de ese país; el yuan es de las monedas más usadas para transacciones internacionales (aún muy por arriba están el dólar, euro, yen y la libra esterlina) y es divisa administrada por el Fondo Monetario Internacional.

Urge a occidente reposicionarse con poder económico y militar en el (des)concierto internacional, lo que también arrastra a México por la renegociación del TLC de Norteamérica y sus implicaciones en el posicionamiento político de una parte de la oligarquía estadounidense en su propio país. Lo que está en el fondo de todo es la ganancia de capital para fortalecer el arsenal bélico y la influencia política internacional.

En el mundo bipolar de la guerra fría por lo menos existía el tenso equilibrio geopolítico entre ideologías antagónicas, ahora el enfrentamiento multipolar es entre países capitalistas. Si el objetivo de aquella Unión Soviética era la expansión de un modelo ideológico político, ahora el interés de Rusia y China es acumular capital para su expansión. Los conflictos de geopolítica son expresión delirante de intereses del capital en las regiones del mundo, pero miles de millones padecemos esa trifulca. Marx y Keynes lo advirtieron.