Este lunes culminará su último periodo regular de sesiones la 63 Legislatura del Congreso federal. Será una etapa que pase al registro como digna de ser olvidada, salvo por su cauda de frivolidad, corrupción y tráfico de influencias. Si nuestra política huele mal, el Poder Legislativo es ya un indudable foco de pestilencia pública.

Justo en este espacio se alertó el domingo anterior que el Senado, bajo la conducción del coordinador del PRI, Emilio Gamboa, planeaba un golpe de mano para secuestrar a favor del oficialismo la operación del Inai, el órgano garante de la transparencia, la rendición de cuentas y la proyección de datos personales en el país. Así ocurrió, en un entorno que supera el diagnóstico más pesimista sobre el nivel de deterioro alcanzado por nuestros sedicentes representantes populares.

Cuando aquí se abordó el tema, por ejemplo, no era fácil imaginar que usar las posiciones en el Inai como moneda de cambio abriría la puerta para que uno de los factores de poder al interior del PAN, el ex gobernador poblano Rafael Moreno Valle, mostrara de nuevo su músculo consiguiendo posiciones igualmente claves para dos de sus más cuestionados incondicionales.

Como se anticipaba, el señor Gamboa logró otorgar dos vacantes en el Inai a sendas figuras cercanas al PRI en las personas de Carlos Bonnin y Blanca Lilia Ibarra. Los méritos de ambos, sin duda existentes, quedarán reducidos a cenizas ante la falta de legitimidad en el proceso observado: una sesión a las 3:45 de la madrugada del día 26, sin registrarla en la agenda parlamentaria, con cédulas en urna que permitieron un voto secreto para encubrir a los senadores que se prestaron a la maniobra…

El mecanismo aplicado fue de tal manera forzado que los nuevos comisionados rindieron protesta con la complicidad de la noche sin que antes fuera cubierto formalmente el requisito legal de otorgar al Presidente de la República un lapso de 10 días para presentar eventuales objeciones.


Pero todavía faltaba que nos enteráramos de lo peor de este episodio.

Esas horas de la madrugada presenciaron una cadena de confusiones. Los senadores de PAN y PRD dejaron el salón del pleno en un intento por romper el quórum que permitiría al PRI imponer estas designaciones. La reunión pudo continuar sólo porque en el lugar permanecieron los representantes de Morena-Partido del Trabajo, que coordina Manuel Bartlett. Esa asistencia fue lo que dio cobertura legal al asalto priista sobre el Inai.

Durante el mismo jueves el bloque PAN-PRD habló de complicidad con el PRI. Y acuñó de nuevo el acrónimo PRIMOR, alegado un amasiato entre el partido oficial y en particular Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador.

A su vez, PT y Morena alegaron que ellos votaron en contra de las designaciones, y que el abandono del salón ocurrió cuando el PAN vio fracasar sus presiones en favor de que una de las vacantes del Inai fuera ocupada por un aspirante cercano a sus filas. Y que en los hechos, la pretensión de romper el quórum facilitó al PRI su maniobra.

La triste conclusión es que a todos los partidos les resulta irrelevante la suerte de una entidad clave para los contrapesos democráticos en México, salvo si esa institución dispone de plazas que les permitan ganar poder y presupuestos públicos.

Fue el caso de la operación montada en paralelo en nombre de Rafael Moreno Valle, una enigmática figura con amplia influencia tanto dentro del PAN como en altos círculos de la administración Peña Nieto.

En estas horas confusas de fin de Legislatura, de pronto surgió el nombramiento de Bernardo Naranjo Piñera como nuevo integrante del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Él es muy cercano al ex mandatario poblano y directivo de las consultoras “Proyecto Educativo” y “Alpha”, que según fuentes consultadas han recibido millonarios contratos tanto del gobierno poblano como de la Secretaría de Educación Pública federal.

Es el mismo caso de Patricia Velázquez del Mercado, que también irá al INEE. Ella fue titular de Educación en Puebla durante la gestión del mismo Moreno Valle, y es centro de atención por operaciones sospechosas en este sector.

¿Qué valor encerraban para Emilio Gamboa y sus aliados las vacantes en el Inai que las trocó por estas posiciones en el INEE y las puso en manos del ex gobernador poblano, una cercana figura a la ex lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo?

En un gesto teatral, se prevé que el propio Senado vuelva a manosear hoy los temas largamente diferidos de un fiscal general independiente y el sistema anticorrupción. Y la tambaleante ley contra el fuero.

Pero no debería ser motivo de satisfacción sino de alerta ciudadana que eche mano de tal agenda este Congreso que tan escasa altura moral ha construido.

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