Entre los pliegues de la Sierra Madre Oriental, hay un adorable rinconcito llamado Cuauhtémoc, un ejido rodeado por cerros llenos de pinos, hermosas cactáceas, palmas y magueyes. Hacia cualquier lado que volteas hay un paisaje dibujado por un llano, enmarcado por grandes árboles, donde se realzan diferentes tonalidades de verde que contrasta con un cielo azul limpio y despejado. 

El viento recorre estos lugares avivando los aromas frescos de la Naturaleza, se percibe la esencia de los pinos que en automático relajan e incitan la armonía. Caminando por sus senderos te sorprende el olor a menta silvestre, que puedes disfrutar en un té que siempre cae de maravilla. También es posible encontrar hierba anís, laurel, orégano y hierbabuena, según la altura que se vaya alcanzando. En primavera, las palmas lucen sus ramilletes de flores blancas que se convierten en un platillo típico de la cuaresma, al igual que los nopales y cabuches, otro manjar que regala el desierto a través de las flores de las biznagas. Este escenario es hogar del oso negro, del guajolote silvestre, del puma, del venado cola blanca, del pájaro azúl y muchas otras especies. Cuauhtémoc forma parte del Área Natural Protegida de Zapalinamé, su belleza y valor radica en la abundancia de su flora y fauna. 

Ese lugar es también de donde vengo, ahí nació y creció mi madre, mis abuelos y bisabuelos. Ella siempre me contaba cómo vivían en el campo, el trabajo que todos realizaban, el cuidado de los animales, de la siembra, los tiempos difíciles y de abundancia. Ahí fue donde aprendí desde niña a admirar a la Naturaleza, a darle valor a los recursos naturales, a conocer la importancia de cada especie en el ecosistema y sobre todo, a asumir la responsabilidad de cuidar nuestro entorno, de impactar lo menos posible e intentar compartir ese interés. 

Hoy en día abundan cabañas y casitas por todos lados, incluso en las parecelas donde antes se sembraba maíz o avena. Se ha convertido en un destino cada vez más visitado y quien conoce, siempre quiere volver. 

Lamentablemente, es muy triste y frustrante ver los rastros de campamentos y paseantes, dejan montones de botellas y latas, platos de unicel, papel de baño y envolutras de botanas. La gente argumenta que no hay botes de basura o donde dejarla. Si vas a la Sierra, debes regresar con todo lo que llevas, así sea una ficha o tapa de refresco, debes regresarlo a la ciudad y por supuesto, tratar de usar lo menos desechable posible.   

En esta pandemia se ha recobrado la importancia de tener una conexión con la Naturaleza, y ahora muchas personas están saliendo al campo para actividades recreativas y deportivas, como sucede en Cuauhtémoc. Ahora más que nunca debemos valorar y cuidar. No tires basura, no prendas fuego, no dejes huella en el bosque. Saltillo y Arteaga tienen gran cantidad de destinos naturales que deben ser cuidados por todos, es nuestra responsabilidad. 

Reconexión Natural
Gabriela De Valle