Ya ni sé de quién lo escuché primero, solo me consta que es verdad: El teatro es un arte vivo. Técnicamente todas las artes escénicas lo son, pues se desarrollan a través del espacio y del tiempo, a diferencia de cualquier otra disciplina de cuyas obras se puede decir que están “completas” una vez que su creador así lo decida y llegan al espacio de exhibición.

El teatro, la música, la danza y derivados son únicos en cada una de las ocasiones en que se les interpreta. Ninguna función es idéntica a la anterior, pues aunque la historia, la partitura o la coreografía se repliquen, la ejecución, producto del factor humano, será diferente ya sea por el humor del propio artista, la recepción y estado anímico del público y hasta los mismos errores e improvisaciones que se puedan dar.

Por eso, en contraste con el cine, ir al teatro más de una vez es ir a ver una obra diferente, más madura, donde el elenco —o el único participante, si se trata de un monólogo— se han familiarizado más con el texto y los personajes y han entrado en una sincronía particular que enriquece la experiencia.

Y en Saltillo, además, el teatro es, para efectos prácticos, la única disciplina artística que se presenta en las suficientes ocasiones para madurar de verdad una obra. Ninguna orquesta, conjunto de cámara, músico o grupo de danza suele dar más de un par de iteraciones del mismo montaje, al grado de que existen producciones con cientos de funciones en su haber.

Yo no conocía esta máxima de que el teatro “es un arte vivo” —eso sí me consta— cuando en 2016 fui a ver la última función que Diáspora Teatro hizo de la obra de Margaret Edson “Wit” en Casa La Besana pero sigo y probablemente la seguiré recordando por mucho tiempo como una de las mejores experiencias teatrales que he tenido. Y si bien no sé cuántas funciones había dado para entonces sin duda ya tenía recorrido su buen camino.

Ahora el director de esta obra, Luis Falcón, trae de vuelta un proyecto de largo aliento y maduración paulatina, “La Hoguera” de David Paquet, de estreno en septiembre del 2018 y ganadora de la Muestra Estatal de Teatro 2019 —aunque sin su respectiva participación en la Muestra Regional de Teatro, cancelada ante las modificaciones presupuestales federales—, con presencia, además, en el Festival Internacional de las Artes Julio Torri.

Platicando con él me comentó que desde el principio este montaje fue planeado para darle varias temporadas y al término de la primera los ensayos continuaron con miras a estar listos para la MET, pero al no recibir noticias y en medio de la incertidumbre por si se llevaría a cabo dejaron de verse por un tiempo.

Cuando la convocatoria salió y reanudaron actividades ellos habían cambiado y las lecturas que dieron de sus personajes fueron diferentes. Repusieron la puesta para participar en el evento y ganaron. No he tenido la oportunidad de verla de nueva cuenta, pero la mayoría de las opiniones sobre esta nueva iteración han sido positivas y si bien “Wit” no es “La Hoguera” siempre he confiado en el trabajo de Falcón.

Porque “Wit” es una historia, sí, fuerte, pero tradicional en su manera de ser contada y “La Hoguera” es toda una coreografía que hace malabares entre tres escenas simultáneas, rotativas, para mostrar toda una experiencia completa.

Aunado a esto las funciones que realizaron para el Julio Torri los enfrentaron ante públicos muy diferentes; jóvenes de preparatoria fueron los que más intrigaron al director pues a pesar de su tendencia a la burla y el desorden resultaron particularmente atentos.

Esta experiencia los llevó a querer experimentar con la manera en que se presentan ante el público y cómo interpretan el texto, lo cual se suma a la nueva temporada, de tan solo cuatro funciones, que llevarán a cabo a las 20:00 horas en Casa La Besana los días 9, 10, 16 y 17 de noviembre y la cual será, tentativamente, la última ocasión que tendremos la oportunidad de ver este círculo vicioso, de personajes retorcidos y oscuros, en Saltillo.