Tenemos un problema enorme. El Presidente está desconectado de la realidad. Y su gente igual. No se vé quién los pueda aterrizar. Tampoco parece haber algún evento que los pueda hacer cambiar. Si él no reaccionó ante el asesinato de mujeres y niños, es díficil que haya otro evento que lo haga. Su gente no se da por aludida, tampoco.

Terco el señor en reafirmar que no combatirá violencia con violencia. Ni siquiera entiende qué no es violencia lo que se le está solicitando, sino que busque hacer justicia. Y sus aduladores le siguen la corriente.

La consecuencia más severa de su desconexión con la realidad es la anulación del compromiso formal de “cumplir y hacer cumplir la Constitución… y las leyes que de ella emanan”. Entonces resulta que los mexicanos quedamos desamparados; y el principal obligado frente a la ley queda libre para ignorarla. Todo porque él señor, en su ingente ignorancia, así interpreta su rol como presidente.

Cuando él habla de que prefiere combatir las causas de fondo de la violencia y la identifica como la pobreza, la ignorancia, la marginación no se da cuenta de que esto llevará años si no es que décadas. O sea que por lo visto no tiene noción del tiempo, ni de los procesos que desenvuelven lentamente. Mientras él trabaja en eso, el País va cayendo en un pozo cada vez más hondo de violencia e impunidad.

La actitud del Presidente coincide más con la de un predicador que nos ofrece un paraíso distante y espera que todos lo alabemos por su mesura. Para nada coincide con el puesto para el cual se postuló como candidato y, al resultar electo, juramentó cumplir.

La desconexión presidencial que a todos nos debe mortificar no se limita a la cuestión de perseguir narcotraficantes y someterlos a la ley. Se extiende a todas las áreas del gobierno y está afectando seriamente el debido funcionamiento del País.

Muy preocupante resulta, por ejemplo, la entera libertad en que se sienten los diputados y senadores de Morena para estar buscando con enfermiza acusiosidad, cambios a las leyes para manifestar su repudio al mundo capitalista. Poco a poco empiezan a minar el correcto funcionamiento de las empresas, poniendo más trabas, más requisitos, más cargas. Es una labor corrosiva y desgastante. Ah, y todo lo hacen PENAL!

El colmo de la rebelión de los ratoncitos morenos y su total desprecio por la mínima decencia es el fraude electoral cometido en la elección de la nueva defensora de derechos humanos. Es una vergüenza que el líder Monreal haya participado votando dos veces. Todo está captado en video. Los números no cuadran porque luego resulta que hubo ciento dieciséis senadores votando, dicho por el video respectivo y el conteo de votos solo llegó a ciento catorce. Exactamente la cifra para que los votos favorables pudieran reunir la mayoría requerida.

Ante las acusaciones de fraude, principalmente ventiladas por panistas, el lider ratón declaró la votación perfecta y finalizada. Tan fácil que hubiera sido repetir a mano alzada la votación para despejar cualquier duda.

Mi punto es que la desconexión de Andrés le impide poner en orden a los de su propio partido y éstos le apuestan al desorden. Es gente enferma de poder que les interesa destruir más que construir porque esto último requiere conocimiento y esfuerzo. En cambio para sembrar caos, esta gente de izquierda son una maravilla.

De pronto pienso que quizá México está pagando el pecado de la elección de 1988, cuando se cayó el sistema. Al año siguiente en noviembre se cayó el muro de Berlín y hoy mientras el mundo celebra esos treinta años transcurridos, nosotros estamos atrapados por una mafia de ratoncitos socialistas hambrientos de venganza y carentes de talento.

 javierlivas@infinitummail.com