Millones de toneladas de hielo derretido en la Antártida en los últimos años.

Agua del mar subiendo de nivel y bajando en salinización.

Invasión de plásticos desperdiciados por el “úselo y tírelo”. Haciendo islas crecientes en el océano y matando peces desde la superficie hasta el fondo marino. Contaminación ambiental de partículas letales. Desertificación en avance veloz, frente a tímidas reforestaciones. Primaveras veraniegas. Sequías y deshidratación de tierras erosionadas.

Manifestaciones por falta de lo elemental. “Queremos respirar”, “tenemos sed”, “no nos dejan nacer”, es el pancarteo de manifestaciones que ya no sólo piden mejoras salariales sino lo indispensable para sobrevivir. Armas para matar en manos violentas. Privaciones de libertad para poder cobrar por una vida, no siempre restituida después del pago.

Salpicaduras esporádicas de enfrentamientos en operativos. Una comunicación de misiles verbales de descalificación y desprestigio en las redes sociales. Y todo en una época de postmodernidades. Robotización, inteligencia artificial, medicina para impedir metástasis, planes para base lunar, anclaje marciano y diseños para alguna futura desplanetización por éxodo a algún astro no estrenado.

Innumerables son los daños colaterales de un progreso tumoral y no orgánico, de ingresos concentrados y satisfactores racionados, causando opulencia e indigencia, despilfarro y carencia, progreso y estancamientos rezagados. El vicioso objetivo de concentrar poder de cúpula negando bienestar a las bases ha sido embarrar obsolescencia a las modernidades que parecen admirables.

Pero hay unas vetas y unos brotes de un mundo posible en gestación. Busca el camino para nacer, para crecer, para fructificar en una humanidad de mayorías felices. A pesar de las desconfianzas y las incredulidades hay síntomas audaces de resurgimiento y renovación auténtica. La humanización política y económica irá descubriendo el verdadero destinatario colectivo de cualquier prosperidad. Se abrirá paso el destino universal de los bienes y se irá configurando la persona humana como centro, desplazando usurpaciones voraces.

La actitud de fraternidad solidaria con la reconstrucción centroamericana para facilitarle la suficiencia indispensable puede ir a las causas y evitar que esas pequeñas naciones huyan de sí mismas, en una migración llena de riesgos, hacia metas decepcionantes.

Se empieza a visualizar como una operación original de ámbito regional, pero con repercusión mundial. Puede inspirar actitudes semejantes en las regiones de las que han partido las ingentes migraciones hacia Europa. Que los vecinos mayores sean promotores de desarrollo para arraigar a quienes caen en una migración forzada y huyen de carencia y de violencia hacia una abundancia lejana.

Este país y la unión americana de estados tienen la gran oportunidad de tener juntos el apoyo de la ONU o de poderosos países generosos para canalizar los apoyos y humanizar la migración y lograr la elevación integral humana de la región centroamericana.

En un mundo de tensiones por acrecentar poder económico y militar en un planeta escandalosamente desplanetizado, podrá exhibirse el nacimiento de ese mundo nuevo en que no se busca ya el predominio en una competencia de ganadores y perdedores sino se estrena el ejemplo de una planetización reconstructiva, centrada en una colaboración en que todos ganan...​