El Internet es una parte común y habitual en nuestras vidas. Sin embargo, como se ha convertido en algo muy cotidiano, no alcanzamos a visualizar muchas veces los peligros que representa la Red, sobre todo para nuestros hijos.

En muchos países —y México no está ajeno a ello— la novedosa app llama TikTok ha disparado esos riesgos. TikTok es la moda entre los menores por su facilidad de crear videos cortos en donde los protagonistas ejecutan diversos bailes y movimientos que se propagan viralmente.

La empresa china nunca tuvo la intención de dirigir su producto a los menores de 13 años. No obstante, este sector de la población ha sido el que más lo ha adoptado y lo ha “alimentado” con producción de videos.

Existe una preocupación colectiva que va más allá del hecho de que compañías como TikTok, Facebook e Instagram recopilen datos de sus hijos. Están alarmados por la facilidad con que estas compañías exponen a los menores a ser contactados por extraños a través de los sistemas internos de mensajería que tienen algunos de ellos y otras funcionalidades para socializar.

Los riesgos no son nuevos. Desde los 90´s los servicios de chat y mensajería se volvieron famosos y fueron rápidamente adoptados por los usuarios de todas las edades. El problema es que ahora la capacidad para difundir fotografías, videos y opciones de voz aumentan la vulnerabilidad y exposición ante el mundo criminal (o del “cibercrimen”, como se dice en el argot del Internet).

Se anticipan, sin duda, leyes y medidas más severas que buscarían controlar este tipo de situaciones que difícilmente desaparecerán, ya que conforme avanza la tecnología se vuelve más sofisticada la operación criminal. Sin embargo no hay que esperar para empezar a hacer algo en casa desde hoy.

En primer lugar, cada padre de familia tiene el derecho de reclamar acceso a las contraseñas y claves de usuario de las aplicaciones de sus hijos menores. Desde que empezó el Internet muchos papás han puesto como condicionamiento de su uso el seguimiento de esta regla y les ha funcionado bien.

En segundo lugar, resulta clave hacer una labor de supervisión y comunicación con los niños y jóvenes. Debemos interesarnos por indagar quiénes son las personas con las que frecuentan relacionarse, hacer una exploración de su lista de contactos y tener acceso a las “producciones” que realizan.

Los riesgos seguirán estando ahí en Internet. Solo podrán ser previstos y enfrentados mediante una estricta regulación paternal.

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Homero Hinojosa

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