El siglo 20 fincó muy altas expectativas sobre lo que habrían de ser las principales ocupaciones y preocupaciones del ser humano luego del año 2000.

Pasa que ya dejamos dos décadas atrás aquella mítica transición entre milenios y lejos de estar colonizando otros planetas, viajando en el tiempo o explorando el centro mismo de la Tierra, la aspiración generalizada hoy en día es la de convertirse en youtuber.

Hay que reconocer que portar una cámara en el bolsillo dio al viejo y pasivo Homo videns un papel más dinámico en la creación y distribución de contenidos de entretenimiento, aunque también y no pocas veces, de investigación y divulgación.

Quizás usted siga a algún videobloguero experto en alguna área de su interés, pero es probable también que aborrezca esta “nueva” forma de hacer comunicación de masas.

La falta de rigor e ignorancia supina de muchos youtuber (no todos, por supuesto) llega a ser ofensiva, lo mismo que la trivialidad e intrascendencia de sus tópicos (aclaro nuevamente: no la totalidad).

Ya recae en usted la elección de a quién ve y sigue, pues así como hay zoquetes especializados en chismes, infundios y nadería con millones de fieles suscriptores (auténticos “influencers”), hay gente muy seria tratando de desmenuzar a conciencia temas de relevancia en arte y ciencias que gozan también de gran aceptación y popularidad.

Llama mi atención cómo este formato ha desarrollado su propio lenguaje, tanto en la manera en que se graba el material como en su edición.

Se llegó a decir que el tiempo en televisión valía oro, por los costos de producción y de transmisión, pero hoy la tv resulta anticuada, lenta y obsoleta junto a la vertiginosidad de un video de youtuber que, por si fuera poco, está siempre disponible para el momento en que decidamos verlo.

Usted también, con sus casi 50 años, puede convertirse en youtuber, todo lo que necesita es un celular y una idea, aunque la mayoría de las veces con el puro celular basta.

No se lo piense más. Puede dar recetas de cocina, clases de theremín, hacer crítica cinematográfica, literaria, musical o simplemente aportar su opinión no solicitada sobre el asunto que más se le hinche la gana y hacerlo con toda la autoridad de un doctor en ciencias.

Hace un par de meses, dado el furor desatado por la serie televisiva “Chernobyl”, diversos influencers de todo el mundo compartieron vía YouTube e Instagram sus aventuras en la capital mundial del desastre nuclear, exponiendo sus vidas por unos cuantos likes y followers. Es un poco extremo, pero qué importa el cáncer cuando está en juego nuestro entretenimiento.

Dos jóvenes saltillenses practican también desde hace algunos años la exploración de espacios urbanos en excursiones clandestinas que registran en video para su canal de YouTube “Dororock” (que cuenta con un poco más de un millón y medio de suscriptores).

Hace unos días, uno de sus videos –que data de 2017– cobró nueva relevancia y se volvió viral. Es una incursión (un allanamiento de hecho) a las instalaciones del hoy abandonado Hotel La Torre, en Saltillo, infame inmueble que en tiempos en que se recrudeció la violencia asociada al narco fue utilizado como cuartel del desaparecido (¿?) Grupo de Reacción Operativa Metropolitano (GROM), cuyos abusos y violaciones a los derechos humanos son secreto a voces en la capital coahuilense.

Pero lo que podamos decir debe quedarse muy corto frente a lo que se vivió en las habitaciones de este viejo y emblemático hotel: secuestros, tortura, abusos sexuales y hasta homicidios se le imputan a este cuerpo de “élite” a cuyo resguardo estaba nuestra seguridad en la época de Humberto Moreira, gobernador de Coahuila, y de JeriKong Abramo Masso, alcalde de Saltillo. ¡Qué tiempos, señor don sicario!

Los youtubers, en toda su candidez, traspasan la propiedad y entre bromas y comentarios jocosos hacen un recorrido por algunas de las habitaciones en las que encuentran diversos objetos cuya utilidad es difícil de precisar para el ojo no entrenado, pero que un perito sin gran esfuerzo podría determinar si fueron empleados o no para dar tortura y muerte.

El Hotel La Torre, una de las edificaciones más reconocibles del perfil urbano de la capital de Coahuila, se convirtió en uno de esos sitios siniestros que quedarán marcados por una negra leyenda, en vez de haber sido abiertos al escrutinio público y examinados por la autoridad en el ánimo de hacer un poco de justicia.

Pero no. Aunque lo que no hizo el atrofiado brazo de la ley ni dieron a conocer los medios de comunicación formales, lo hicieron dos youtubers sin mayor conocimiento o preparación: darnos un escalofriante y revelador recorrido por este hotel, rebautizado por la sabiduría popular como el Cuartel de la Tortura. 

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Enrique Abasolo
Nación Petatiux