Escribo estas líneas después de ver que los líderes de ambas Coreas se reunieron para lanzar un proceso de paz y reconciliación que busque formalmente acabar con la guerra cuyas hostilidades cesaron hace 65 años.

Existen muchas implicaciones y ángulos acerca de lo que significa para las Coreas este acercamiento: posible unificación o por lo menos alineamiento en el futuro; el rol de China en función de la relación entre chinos y americanos; reducción de las tensiones nucleares; los acuerdos comerciales entre Corea del Sur y Estados Unidos; entre otros. También existen dudas de si el líder norcoreano (Kim Jong-un) verdaderamente cederá a las peticiones no sólo de sus vecinos del sur, sino del Gobierno de Trump y si este último no cambiará las reglas del juego para no parecer débil ante su base nacionalista en casa frente a quien llamó little rocket man. Sin duda, es un acontecimiento digno de atención y que nos debe interesar a los mexicanos, no sólo por las implicaciones globales y el significado trascendental para estas dos naciones, sino porque en Corea (la próspera y la encerrada) podemos reflejarnos para entender mejor en dónde está México y la coyuntura que se nos viene en el futuro cercano.

México debe ver cómo un sistema de mercado abierto, ordenado y a favor de la innovación genera riqueza, mientras que otro cerrado, en manos de una familia (o partido) y que gira alrededor de un dictador genera pobreza. También, que un país alineado con Estados Unidos ha progresado mucho más que el que se alineó con China. Si creemos que America first es agresivo, no tienen idea de lo que es China first cuando tratan con otros países.

Las negociaciones entre las Coreas nos dicen que es posible extender la mano y sentarse a negociar con un enemigo histórico; que dos pueblos enemigos sentados para negociar acuerdos en beneficio mutuo deberían hacernos pensar que las guerras entre candidatos, partidos e ideologías en México deberían estar muy por debajo del interés nacional. Nos hablan de dos Méxicos y parece que las propuestas son excluyentes. O estás a favor del México próspero o del México pobre. Y así no se puede salir del estancamiento. A final de cuentas los que estarían negociando son mexicanos, no enemigos; son adversarios que han puesto al País de rehén en su afán de malgastar poder efímero, sin visión de largo plazo. ¿Debemos esperar a que se desate una revolución, una guerra civil, a que estados prósperos se cansen y se separen de la Federación, a que las fuerzas militares den un golpe de Estado, a que Estados Unidos tenga que venir a “proteger sus intereses”? ¿No podremos pedirle a quienes mandan en este país que finjan ser coreanos por un tiempo y estén dispuestos a extender la mano y sentarse a platicar?

Curiosidades. Con datos del Banco Mundial podemos ver que el PIB per cápita de México en dólares aumentó cerca de 28 por ciento de 1990 a 2016 (de 12 mil 500 a 16 mil); esto comparado con más de 200 por ciento para Corea del Sur (de 11 mil 500 a 35 mil). Parece que Kim Jong-un está agarrando buen socio. Hay muchos factores que afectan el PIB per cápita (incluyendo gobernantes y sistema). La cifra para China es de 800 por ciento (14 mil 750), Irán 58 por ciento (15 mil 800), Turquía 111% por ciento (24 mil 300), Chile 160% por ciento (23 mil 800) y la OCDE 40 por ciento (38 mil).

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