Es la imagen de los relojes colgantes, una obra que trata sobre la naturaleza del tiempo, que el científico alemán probó que es relativo

Nadie como él sabía cómo crear un culto a la personalidad. Cada aspecto de su excentricidad fue cuidadosamente cultivado, desde su bigote encerado, sus declaraciones deliberadamente provocativas, hasta su comportamiento estrafalario, que lo terminaron convirtiendo en genio y loco a la vez –neurosis, dice la ciencia–, algo que padeció desde su infancia y le hizo casi imposible sostener relaciones sociales normales.

Así que nadie puede extrañarse de que, luego de 28 años de su muerte y 116 años de su nacimiento que se conmemora hoy 11 de mayo, la excéntrica historia artística y personal de Salvador Dalí, haya tomado otro giro extraño, cuando en punto de las diez y diez minutos de la noche del 20 de Julio del 2017, el ataúd con los restos de Dalí, que se suponía descansaban en un museo dedicado a la memoria del pintor, en su tierra natal en Figueres, España, haya sido abierto para que sus restos embalsamados, fueran exhumados.

Narcís Bardalet, que había embalsamado su cadáver en 1989, dijo que encontrar el bigote intacto del pintor catalán era “un milagro” y añadió: “Salvador Dalí es para siempre”. El cadáver del genio fue perturbado por una demanda surrealista de paternidad interpuesta por Pilar Abel, lectora del tarot quien afirma que su madre, que había servido como empleada doméstica en la casa del pintor, tuvo una relación con él.

Un Tribunal de Cataluña pidió muestras del ADN del pintor para averiguar si sus alegatos eran ciertos. Así pues, los forenses abrieron el ataúd y recolectaron muestras genéticas de cabello, dientes, uñas y huesos para autentificar si la figura central del surrealismo habría engendrado a una niña hace más de seis décadas. “Estoy asombrada y muy feliz porque se hará justicia”, habría dicho Pilar Abel, quien dijo que el deseo de honrar la memoria de su madre motivaba su pleito de paternidad. “He luchado mucho tiempo por esto y creo que tengo derecho a saberlo”.

Dalí y su esposa no tuvieron hijos, aunque Gala tenía una hija de un matrimonio anterior con el poeta francés Paul Éluard. No conozco Figueres, pero he tenido frente a mis ojos dos de las obras maestras de Dalí. En el Museo Reina Sofía de Madrid me atormenté –aún más– ante el cuadro “El Gran Masturbador”, de 1929, el año en que conoce a Gala, y los expertos dicen que es el símbolo supremo de las obsesiones sexuales del pintor catalán, quizás una obra autobiográfica: la gran cabeza del masturbador es la personificación del propio artista; el resultado de la transformación emocional y erótica que sufrió cuando Gala apareció en su vida. Dalí fue un apasionado de la ciencia y en especial del ácido desoxirribonucleico, para él, una prueba contundente de la existencia de un Dios.

Existe una fotografía junto al poeta Federico García Lorca, donde el pintor sostiene un ejemplar de la revista Science and Invention. Esa ciencia la plasmó en la que es quizás su obra más famosa, y que pertenece a la categoría de lo icónico, la admiré en el Museo de Arte Moderno de Nueva York: “La Persistencia de la Memoria”, una obra que, aseguran, tiene una gran influencia de Einstein y su teoría de la relatividad. Es la imagen de los relojes colgantes, una obra que trata sobre la naturaleza del tiempo, que el científico alemán probó que es relativo.

Y fue quizás ante esa “persistencia de la memoria y del tiempo” a la que se encontraron los expertos forenses que abrieron el ataúd del pintor, pues hicieron un sorprendente descubrimiento: Dalí apareció con el rostro sereno y su característico bigote apuntando hacia arriba. “Intactos él y su bigote, con su famosa posición de las diez y diez”, dijo Lluís Peñuelas, secretario general de la fundación Dalí.

El final de esta historia surrealista, fue la justicia de la ciencia, que el año pasado dio el coletazo final a la vidente Pilar Abel, que, gracias a la ciencia, pudo ver que no es hija de Dalí. Quizás el catalán pudo doblar el tiempo para darse cuenta de una futura infamia y por ello, en 1971 anticipó que su memoria sería perturbada, pues dijo en una entrevista al periodista Jacobo Zabludovsky: “Nada hay más monárquico que una molécula de ADN... La vida misma es el resultado del gobierno absoluto desoxirribonucleico”.