Agradezco que usted me lea. Agradezco mucho que, teniendo en estas páginas a compañeros reporteros, escritores y columnistas mejores que yo, usted preste atención a estas letras. Gracias de nuevo. Usted me ha pedido nuevas cifras sobre esa tormenta perfecta, ese huracán republicano, más millonario que político, Donald Trump. La columna donde abordé su victoria y donde me vanaglorié de haber predicho el resultado de las elecciones con un año de anticipación fue harto comentada y leída. Con base en lo anterior, me han pedido nuevas ideas al respecto. Las pocas que tengo aquí van.

¿Qué nos espera con Donald Trump como presidente de la nación más poderosa del mundo y justo nuestros vecinos? Pues nada. Es decir, peor no nos puede ir como nos ha ido todo el tiempo con los presidentes del Partido Demócrata, como con William Clinton y con Barack Obama. ¿Pruebas? Va una muy sencilla que de tan sencilla, creo que todo el mundo la sabe, pero al perecer no es así. Alguna vez cuando se disputaban la candidatura demócrata Hillary Clinton y Obama, entró al quite William, éste dijo a la prensa: “se puede hablar con poesía en la campaña, pero se gobierna en prosa”. En relación y línea directa, claro, con los elocuentes y poéticos discursos que enderezaba a sus ciudadanos el larguirucho candidato negro, que ganó dos periodos en la Casa Blanca.

Se gobierna en prosa. Pues sí. Prueba es que con Barack Obama en la Presidencia de los Estados Unidos, no obstante su cariño por México, que amaba su literatura, que publicó un tuit a favor de Juan Gabriel, bailó alguna vez con Tahlía y, en fin, guiñaba una y otra vez el ojo a México; con él se deportaron más latinoamericanos por la vía de México que en cualquier otra etapa de la historia reciente entre ambos países (cifras conservadoras hablan de más de dos millones y medio de seres humanos). ¿Amor a México de los demócratas? No, simplemente farsa para llevarse la fiesta en paz.

¿Qué podemos esperar del huracán Turmp? Nada. Como tampoco hubo nada favorable con la media enchilada (la migración) o la orden completa de la cual habló en su momento el deslenguado Vicente Fox. ¿No lo recuerda? Ése es nuestro problema, lector: Internet vino a pudrir información valiosa que deberíamos de tener siempre a la mano y al dedillo, pero la cual es borrada de un día a otro en aras de la inmediatez de los 140 caracteres que hoy se hace pasar como un reportaje completo. Por cierto, Trump es un adicto a Twitter y no pocas veces ha lanzado bombas de fragmentación que todo lo han tocado: lo mismo a México que a Europa, a Rusia; diarios, empresas…

Esquina-bajan

¿Qué podemos esperar de Trump? Pues nada. Así de sencillo. Joaquín Estefanía ha dicho que de poner en práctica todo lo que ha prometido el ahora Presidente electo, se regresaría a un “capitalismo de los años 20”. Pues sí, pero son sus decisiones, es su territorio, y los ciudadanos gringos votaron por él, así de sencillo, señor lector. Ahora bien, cuánto durará esta luna de miel, ¿durará al menos los famosos 100 días cuando éste asuma y jure el cargo de cuatro años? Pues claro que no. Pero ojo, a Trump eso ni le preocupa ni le quita el sueño. Es decir, por eso votaron por él: no es político tradicional, bien portado, bien hablado y correcto. No.

Es precisamente todo lo contrario. Y usted lo sabe, amenaza con poner una cuota de arancel (impuesto) a los productos importados de México (hasta 35 por ciento) y de China (hasta 45 por ciento). Y esto podría ser el verdadero muro, no la barda trivial que se quiere erigir en los más de tres mil kilómetros de frontera compartida. En tramos ya la hay. Es intrascendente dicha barda, pero como buenos mexicanos desinformados, todo mundo cayó en el garlito y gambeta del multimillonario. ¿A usted en qué le afecta el mentado muro? En nada. ¿Usted va y viene de mojado cada fin de semana? Usted seguirá pasando si tiene lana para ir allá, como en su momento la tuvieron, y a manos llenas, gente como Javier Villarreal Hernández, Jorge Torres López y familias completas y tantos coahuilenses millonarios del Gobierno del Estado, quienes iban a hacer su despensa de fin de semana. Bueno, hasta que terminaron en el bote y cantando (delatando) sobre sus cómplices.

La verdadera barda es que Trump quiere que empresas fuertes y millonarias se queden en Estados Unidos y que no pongan su producción aquí en México y,   por extensión, en Coahuila. El problema es uno: como somos mexicanos, estamos jodidos y como estamos jodidos, nos alquilamos por lo que sea. ¿Ejemplo? Trump quiere que la fábrica Carrier (de aires acondicionados) se quede en EU y no venga a Nuevo León. Pero en EU les pagan a los obreros 20 dólares la hora. ¿En México? Apenas tres dólares. Somos obreros, albañiles, maquiladores, carga bultos; jodidos, pues.

Letras minúsculas

¿Usted recuerda el libro “Vecinos Distantes”, de Alan Riding del siglo pasado?  Continuará próximo jueves.