Normalizar la violencia de género es justificar hechos como el que un futbolista al que le fue imputado tentativa de feminicidio, se vea como algo normal. Sí, normal, porque más allá de que está libre por el cambio de declaración de la parte agraviada, no quiere decir que no lo haya hecho.

La negociación a la que llegaron en marzo con la pareja del jugador ecuatoriano fue exitosa para salir del penal. Estrategia jurídica que se basa en la ley, porque aunque la sociedad esté en contra de estas negociaciones, existen. Aunque los valores se pierdan y se deje libre a un hombre que cometió violencia de género, estos acuerdos existen. Aunque tiene derecho a arrepentirse, y lo hizo.

El video del pasado viernes, publicado en el Instagram de Renato Ibarra, fue el termómetro perfecto, maquiavélicamente planificado por mentes que sabían que si la opinión pública lo rechazaba, era momento de que lo sacaran del América. Si no hubiera existido tal reacción en redes sociales, programas de radio, televisión e internet, de un rechazo generalizado de quienes tienen libertad para expresarse, este futbolista seguiría vestido de americanista.

Una pantomima, de las buenas, de las que pueden ser planificadas a detalle por el mejor director de teatro clásico en Broadway. Eso fue el mensaje de Renato, en el que se arrepentía de lo hecho, aunque se contradijo asegurando que no hizo lo que está en un acta ministerial.

En fin, problema resuelto del América, no quedaron mal ante los ojos de México, se pudieron deshacer de un futbolista, al que si no lo habían despedido desde el día quese presentaron los hechos fue por la actitud mercenaria de tratar de venderlo, como si los valores tuvieran precio.

Y es ahí donde aparece el Atlas. Equipo perteneciente a Orlegi Sports, misma organización que decidió en el torneo Clausura 2011 despedir a Rubén Omar Romano, quien era su entrenador, simplemente porque le “pintó el dedo” a seguidores en la tribuna del estadio Corona. No pasaron ni 24 horas del suceso cuando se anunció su despido, argumentando la directiva santista que esa seña atentaba contra los valores que la institución representa y promueve.

Nueve años después, ya con dos equipos en Primera División, este grupo parece olvidar esto. Renato Ibarra llegará al Atlas, un equipo que si el sentido común fuera eso, no debería olvidar los valores que pregona; hacerlo es normalizar la violencia de género.

Y claro que saldrán críticas y más críticas para quienes no estén de acuerdo en respetar valores en este deporte, en esta liga, la Liga MX. Que argumenten que lo que pasa extracancha no tiene nada que ver con el nivel del futbolista ecuatoriano y que es una buena decisión llevarlo al equipo tapatío. Pero cuando vivimos en un país donde hay 10.5 mujeres muertas al día por feminicidio y diariamente más de 300 sufren de algún tipo de agresión, según datos de la oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, entender este tipo de decisiones en el deporte es simplemente, normalizar la violencia de género.