Alejandro Medina
Desde antes asumir la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador ya había decidido cuál es el sitio donde lo coloque la historia nacional

 “El Laberinto de la Soledad”, quizá la obra más popular de Octavio Paz, el Nobel de Literatura mexicano, sostiene que la historia de México está marcada por la lucha para poner nuestro reloj a tiempo con el avance del resto del mundo.

Así, señala el poeta y ensayista, los movimientos de Independencia, Reforma y la Revolución, fueron esfuerzos para acortar el trecho que nos separa de las naciones de mayor desarrollo económico, social y político.

En una similar línea de pensamiento, desde antes de asumir la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, anunció su intención de construir la Cuarta Transformación (4T) para alcanzar los objetivos de bienestar al que aspiran los mexicanos.

En efecto, el jefe del Ejecutivo federal identifica a los grandes movimientos sociales mencionados -Independencia, Reforma, Revolución- como las tres primeras transformaciones del País y pone como objetivo de su gestión la 4T, una meta que cubriría las deudas que tras casi 210 años del inicio de la guerra de Independencia, se tienen todavía con millones de mexicanos.

A su estilo, otro candidato opositor que llegó a la Presidencia de México vía las urnas, como lo consiguió AMLO, exhortaba a la población para que, junto con el Gobierno, se alcanzara el reloj de la historia de la comunidad internacional y nuestro País fuera un “México exitoso y triunfador”. Esa era, en síntesis, el reto de su gobierno, que tanto quedó a deber. Ahora es la oportunidad de López Obrador.

México es hoy por hoy la economía 15 del mundo, pero el rezago educativo pone a nuestros niños y jóvenes en lugar 117 de la enseñanza de matemáticas y ciencia.

La lucha por la Independencia de México no terminó hace dos siglos. Aún no alcanzamos a los países con mayores niveles de bienestar. El reto puede ser la 4T que pregona AMLO, o el México exitoso y triunfador que dibuja Fox, en todo caso, lo que todos debemos en estas fiestas patrias, es que la soberanía del País no es un asunto acabado.

Luego que Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero entraron triunfantes a la Ciudad de México, liberada tras tres siglos de dominación española, la Guerra de Reforma y la lucha contra intervenciones extranjeras, fue una extensión de la guerra iniciada por Miguel Hidalgo en el pueblo de Dolores.

Tampoco se acabó la lucha de México en 1910, cuando los coahuilenses  Francisco I. Madero y Venustiano Carranza tomaron las armas también para hacer de México el País soberano que los mexicanos de este siglo 21 soñamos igual que en los siglos 19 y 20: la lucha por la Independencia sigue.