“Es propaganda, es para afectarnos. Ya ven cómo es el hampa del periodismo, no todos desde luego, no todos, no, no, no, pero en el hampa del periodismo se usa mucho que la calumnia cuando no mancha, tizna”.

La frase anterior es una transcripción literal tomada de la versión estenográfica de la conferencia de prensa “mañanera”, que de lunes a viernes ofrece el presidente Andrés Manuel López Obrador, versión que es distribuida por la Presidencia de la República.

La precisión anterior es importante porque, para juzgar las palabras del titular del Ejecutivo Federal, particularmente en un tema de esta naturaleza, es indispensable que no haya duda respecto de lo que se dijo.

Señalado lo anterior, es útil recurrir al diccionario de la Real Academia Española para tener claro el significado del término “hampa”, utilizado por el Presidente para calificar a los periodistas y medios que han difundido información relativa a los presuntos despidos de enfermeras y médicos registrados en 24 entidades de la república.

De acuerdo con la RAE, “hampa” significa:

a) Conjunto de los maleantes, especialmente de los organizados en bandas y con normas de conducta particulares; y b) Conjunto de maleantes que, unidos en una especie de sociedad, cometían robos y otros delitos, y usaban un lenguaje particular, llamado jerigonza o germanía.

Claramente cuando el Presidente dijo “hampa del periodismo” quiso caracterizar como “maleantes”, es decir, como individuos que han hecho de la violación a la ley un estilo de vida, a quienes han difundido la información señalada.

No es la primera ocasión en la cual López Obrador utiliza términos estigmatizantes para señalar a los medios de comunicación y periodistas que no son afines a sus ideas o intereses y, por tal razón, ha decidido ubicarlos en el casillero de “enemigos”. Es, sin embargo, la primera vez que utiliza un término tan fuerte para manifestar su desacuerdo con el trabajo periodístico.

Pero el hecho de que no sea la primera ocasión en que el Presidente agrede a los medios y a los periodistas que le resultan incómodos no implica que deba dejar de señalarse el hecho o que se pase por alto que, al hacer tal, el mandatario está faltando a deberes relevantes inherentes a su cargo.

En este sentido conviene insistir en que, más allá de sus convicciones, creencias o impulsos, el presidente de un país que aspira a ser democrático tiene prohibido utilizar expresiones estigmatizantes para dirigirse a cualquier individuo. Más aún si esas declaraciones exponen al destinatario de la invectiva a ser víctima de algún tipo de violencia.

Lo anterior es particularmente cierto en un país como México, donde ejercer el periodismo implica riesgos importantes, riesgos que se traducen en docenas de comunicadores asesinados. El discurso estigmatizante de López Obrador no solamente no contribuye a mejorar las condiciones de seguridad de los periodistas, sino que alienta la violencia que ya hoy se padece en el gremio.

Por ello, la actitud del Presidente debe ser señalada y condenada sin ambigüedades en forma permanente.