Muchas patologías de la pobreza, como las asociadas al alcoholismo, podrían prevenirse si los políticos robasen menos.

Comparto unas breves reflexiones. Las comparto desde la duda: carezco de respuestas “exactas”. En Medicina, enfermos y doctores saben y viven el problema de la escasez de recursos o posibilidades terapéuticas. El embrollo, más frecuente en enfermos pobres, también afecta a las clases pudientes. Para los pobres el problema es cotidiano. En muchos la enfermedad se agrava por no atender el problema a tiempo, y otros mueren por uno de los peores binomios: pobreza y enfermedad. En los enfermos ricos la situación es distinta. Un ejemplo. No siempre es “fácil”, aunque lo paguen, conseguir órganos que suplan la función de los dañados. 

En marzo de 2016, el Atomium-Instituto Europeo para la Ciencia, los Medios de Comunicación y la Democracia, una red de organizaciones que incluye a 25 prestigiosas universidades europeas, grandes empresas y medios de comunicación, planteó la siguiente pregunta, ¿deben tener sanidad gratuita los fumadores, los obesos y los bebedores? La pregunta es interesante. La(s) respuesta(s) muy complejas. 

Los informes provenientes de Europa motivan la inquietud del Atomium-Instituto y promueven la discusión: “Las enfermedades crónicas son responsables del 87% de las muertes que se producen en la Unión Europea. Muchas de ellas son prevenibles y están vinculadas a cuatro factores de riesgo comunes: tabaco, abuso del alcohol, alimentación y falta de actividad física”. A partir de esa aseveración debe cavilarse, con tiento, antes de responder: ¿Deben tener sanidad gratuita los fumadores, los obsesos y los bebedores? A vuelapluma, la respuesta es “no, ni el Estado ni los ciudadanos sanos deben hacerse cargo de esos gastos”. Si se reflexiona desde otra óptica las respuestas son inexactas y generan otras preguntas. Cuatro dilemas: 

1. La obesidad es una enfermedad de la pobreza. La gente sin recursos come para saciar el hambre. No escoge comida, ingiere lo que su bolsillo le permite. En México, gracias a nuestros desgobiernos, uno de cada diez connacionales es diabético (ocupamos el sexto lugar en el mundo). 

2. Los pobres fuman más que los ricos. Comparto un estudio. En 2014, el Institute for Health Metrics and Evaluation de la Universidad de Washington, informó que el tabaquismo prevalece entre la población más pobre. Un ejemplo: En el condado de Falls Church, Virginia, que tiene la renta per cápita más elevada de Estados Unidos, la prevalencia de tabaquismo es de 9.9%, contra un 41.5% en el condado menos favorecido económicamente de Northwest Arctic Borough, Arkansas. 

3. Aunque los informes acerca de la frecuencia del alcoholismo difieren, estudios afirman que el consumo en las clases pobres es mayor. No hay controversia en cuanto a la relación directa entre los perjuicios producidos por el alcoholismo en los pobres: no tienen dinero para atenderse, gastan “buena parte” de sus recursos en la compra de alcohol, descuidan a la familia. Aunque las clases adineradas también descuidan a la familia, ellos sí tienen acceso a tratamiento. 

4. Hacer o no ejercicio debería ser un inciso para separar a pobres de ricos. Los primeros (casi) no tienen oportunidad ni tiempo ni espacio para hacerlo. 
Las ideas punitivas del Atomium-Instituto Europeo para la Ciencia son inadecuadas. 
De llevarse a cabo devastarán a los pobres. Los empobrecerán y los sumirán más en el mundo —su mundo—, de la no esperanza. Sin coberturas sanitarias, sus males empeorarán y los recursos que tendrán que sufragar los Estados serán mayores, a menos que los dejen morir en casa o en la calle. 

Muchas patologías de la pobreza, como las asociadas al tabaquismo, a malos hábitos alimenticios y al alcoholismo podrían prevenirse si los políticos, aunque roben, robasen menos. Si se invirtiese en prevención y educación, estos problemas disminuirían. El embrollo, al menos en México, no tiene solución: poco se invierte en prevención y muy poco en educación. No es factible robar a destajo y destinar dinero para educar y prevenir. 

¿Hay que castigar a los enfermos por sus malos hábitos? No. ¿Hay que castigar a los Estados por sumir a la población en la pobreza? Sí. Hay que castigarlos y encarcelar a políticos corruptos y ladrones. Ahí, aunque no engorden y puedan fumar y beber a su antojo, conocerán la realidad de sus pobres. 

Notas insomnes. Los pobres no son culpables de su mala salud. El responsable es el Estado. México como ejemplo.