La gigantescas empresas de computación, internet y redes sociales están pasando de heroínas a villanas. Hace días El Norte reveló investigaciones que las mostraban como abusivas de su gran poder monopólico. Hoy están peor.

Google, Amazon, Apple y Facebook “usaban ‘adquisiciones asesinas’ para aplastar a sus rivales, cobraban comisiones exhorbitantes y obligaban a las pequeñas empresas a firmar contratos ‘abusivos’ para obtener ganancias.” La investigación la hizo una comisión de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. También existe en Netflix un video de denuncia contra las prácticas sin ética de las conocidas redes sociales.

Yo creía tener suficiente material para escribir al respecto. Es sin duda un abuso que utilicen tecnología de punta para descubrir patrones de conducta y de preferencias de sus inocentes suscriptores para luego vender esa información colocando publicidad en sus páginas: un negocio redondo con un método bastante cuestionable. Y claro, les ha servido al menos a Google y a Facebook para posicionarse como dos de las compañías más valiosas del mundo. Regalan servicios a sus usuarios, sin que estos se percaten que ellos se convierten en el producto que es vendido a precio de oro.

Las computadoras, como cualquier instrumento o herramienta puede ser un arma de dos filos. Se puede usar para bien o para mal. Pero no es tan sencillo como identificar lo útil o peligroso de un cuchillo. A medida que las computadoras empezaron a tomar más funciones, las oportunidades y riesgos aumentaron. El público se fue quedando rezagado.

Hoy los dueños de teléfonos inteligentes no se dan cuenta que están siendo espiados. Dejan huellas imborrables de todo lo que hacen, lo que compran, lo que les entretiene, y datos sobre el círculo cercano de contactos frecuentes. Esa información vale mucho dinero y las grandes redes como Facebook y Google posicionan anuncios donde anticipan que estará navegando el usuario en venta.

Todo eso por cuestionable que parezca palidece frente al atrevimiento en que incurrieron el miércoles pasado Twitter y Facebook. Cometieron un error grave e imperdonable que seguramente les va a costar caro. Censuraron noticias aparecidas en el periódico New York Post, el más diario más antiguo de los Estados Unidos y cuarto en circulación diaria. La noticia censurada era que Hunter Biden, hijo de Joe Biden, candidato presidencial había dejado abandonada una computadora en una tienda. El dueño tuvo miedo por el contenido que encontró en el disco duro y ésta terminó en manos del FBI.

El dueño también contactó a Rudi Giuliani, abogado de Trump. Este y el New York Post han dado a conocer correos electrónicos de Hunter, en los que básicamente echa de cabeza a su papá, a quien apoda “Pop” o “The Big Guy”. Lo muestra como el jefe de una empresa dedicada a vender influencias que incluye a hermanos del ahora candidato presidencial. El tal Hunter habla con chinos y ucranianos sobre contratos de honorarios millonarios. Un desastre que Twitter y Facebook borraron de sus páginas intentando proteger al candidato demócrata a quien quieren tener en la Casa Blanca.

El escándalo se potenció peor. Los correos confirman lo que ya se rumoraba y se deducía de los deslices verbales del propio Joe Biden. Que usaba su puesto de Vicepresidente para torcer brazos a gobiernos extranjeros, o congraciarse con ellos para favorecer económicamente a su familia, traicionando los intereses de los Estados Unidos.

Los directivos de Twitter y Facebook ya fueron citados al Congreso para la semana que viene. Hasta ahora han sido protegidos por una ley que los hace inmunes a demandas, catalogándolos como simples retransmisores de la información que publican sus usuarios. Sin embargo, al tomar partido, y sobre todo al transgredir el derecho de libre expresión y de prensa, han puesto en riesgo perder su inmunidad.

Será un verdadero choque entre titanes con consecuencias perdurables. Las empresas de Silicon Valley han querido imponer a Biden a como dé lugar, manipulando tuits y cortando a los simpatizantes de Trump. Así de grande es el enredo que se ha creado a dos semanas de la elección presidencial.

javierlivas@gmail.com