Todo es un torbellino, pero no de información sino de desinformación. Es un torbellino de decisiones de gobierno que en más de una ocasión se nota que no escucha ni le importa los efectos. Todavía no se cumplen 100 días de gobierno y estamos atrapados entre ocurrencias y graves consecuencias. A México le haríamos mucho bien si lográramos tres días para que el Presidente de la República se dedicara a escuchar.

En un video que circuló el día de ayer, domingo, con motivo de la visita del Presidente a Sinaloa, se puede escuchar a una mujer diciéndole: “disculpe Señor, sólo estamos pidiéndole que nos escuche, somos de estancias infantiles” y el Presidente la voltea a ver, y le contesta “ya, ya, ya”, pero la mujer insiste: “¡por favor escúchenos!”, y la respuesta se limita a: “ya dije, ya hablé hijita”. Esa ha sido la actitud constante.

Es evidente que este gobierno no escuchó a quienes señalaron las consecuencias de la cancelación del aeropuerto y a quienes una y otra vez le señalan el grave peligro de no invertir en infraestructura. En el caso de Michoacán pasaron semanas en que detuvieron los trenes y se perdió el dinero del trabajo de muchos mexicanos, pero no quiso escuchar a los empresarios ni a los comerciantes, ni siquiera a los más pobres que viven del comercio que se da a través de la vía de tren. En el caso de la gasolina, no parece haber escuchado la necesidad de prepararse para el desabasto. Acusa sin escuchar, ni siquiera revisa si son ciertos los informes que le dan. Simplemente no escucha y manda al que difiere al cajón de la corrupción y de los neoliberales.

Pero el caso que más me sorprende ha sido la negativa a seguir con el programa de Estancias Infantiles. Todavía a la fecha es incapaz de entender la esencia de las estancias ni del esfuerzo de miles y miles de mujeres que se encargan de éstas y del compromiso que tienen con los niños que atienden. No puede entender que hay mujeres que al tener en una estancia a sus hijos pudieron seguir trabajando o estudiando.

Para colmo salieron algunos funcionarios públicos a defender lo indefendible y tampoco quisieron escuchar. Ahí tenemos a servidores públicos diciendo que es deber de los abuelitos cuidar a los niños. Apareció otro para decir que pueden encargarse el IMSS y el ISSSTE de los niños, cuando ni las dos instituciones juntas llegan a cuidar al número de niños que se cuidan en las estancias. Las estancias infantiles cubren, en gran porcentaje, municipios de mayor pobreza donde apenas hay una pequeñita clínica del IMSS o del ISSSTE. No digan cosas nada más por defender.

No escuchan. No escuchan a los abogados y especialistas cuando les hablan del interés superior del niño como principio consagrado en la Constitución, ni a la CNDH que ha sido clara contra la cancelación del programa; tampoco escuchan los reportes de UNICEF y otros organismos. Muchas encargadas de estancias infantiles han firmado la declaración que recuerda este principio del interés superior de la niñez. Otras se presentaron en el Senado al grito de “nos fallaste”.

Es lamentable escuchar la desesperación que sienten quienes se encargan de una estancia —por ejemplo en la sierra de Querétaro—, porque va a tener que cerrar y nos dice que las mamás están muy preocupadas. Son miles de mujeres, más de cien mil mamás que piden que se reconsidere, que se escuchen razones que miren por los más de 300 mil niños que quedarán desatendidos. Pero les ganó el clientelismo electoral. Y para eso se han tapado los oídos, para no escuchar.

El poder ilimitado está poniendo en riesgo a nuestro México. Y el riesgo es mayor cuando el gobierno no tiene capacidad de escuchar y de comprender al otro.

Cuando sin escuchar se anula un programa o una institución, entonces se falta al debido respeto al trabajo humano y “descubren en quien lo hace… una falta de imaginación que le impide recordar todo el esfuerzo acumulado detrás de cada obra humana.” (De la Lección X de la Cartilla Moral escrita por Alfonso Reyes)… o quizás sí escuchan pero no les importa.