En días pasados se anunció que –de acuerdo a los datos que cada mes publica el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública– el arranque de 2018 es el que concentra la mayor cantidad de homicidios de los últimos 20 años. En enero de este año se registraron 2 mil 554 asesinatos dolosos frente a los mil 938 ocurridos en 2017, por lo que se mantiene la tendencia al alza que comenzó desde 2015.

Lo peor es que no se trata de un problema altamente concentrado como en el periodo 2007-2011, donde entidades como Chihuahua, Sinaloa, Guerrero o Durango tenían un porcentaje importante de los homicidios de todo el país. Ahora, por el contrario, es un fenómeno que va en aumento en casi todas las entidades, incluso en algunas en donde antes se presentaba muy poco, como en Guanajuato, Puebla, Oaxaca o Colima.

De hecho, salvo la península de Yucatán y algunos estados del noreste como Coahuila, los homicidios han ido incrementando en todas las entidades. Se trata de un problema de urgente atención y que debe preocupar a todos los actores políticos y órdenes de gobierno, ya que dicho indicador guarda estrecha relación con la calidad de vida de toda la población que habita en nuestro país, debido a que las víctimas van en aumento, la percepción de violencia crece y los ciudadanos cada vez nos sentimos menos seguros.

Sin embargo, se trata de un problema multicausal que requiere ser abordado desde distintos frentes. Por un lado se requiere de manera urgente reducir la cantidad de armas que existen en las calles, ya que al menos 7 de cada 10 de asesinatos se llevan a cabo con armas de fuego.

En segunda instancia se requiere trabajar en la recuperación del tejido social para rescatar a miles de jóvenes que cada año se incorporan a las filas de organizaciones criminales. Lo cual también implica la necesidad de crear mejores oportunidades de empleo y desarrollo para los mismos.

Una tercera tarea es debilitar y contener a las organizaciones criminales. No sólo se trata del combate frontal y armado, que suele ocasionar más homicidios, sino de neutralización de sus activos y fuentes de ingreso a través de trabajo de inteligencia. 

Ya que una organización criminal que ve mermados sus ingresos tiene menos dinero para comprar armas, contratar sicarios y corromper autoridades.

Una cuarta tarea es la existencia de una estrategia de combate a la corrupción al interior de los cuerpos de seguridad, ya que la principal razón por la que las organizaciones criminales tienen tanto poder se deriva de su capacidad de permear y cooptar a las autoridades: al corromperlas obtienen información de primera mano, protección de sus actividades ilícitas, impunidad y hasta colaboración institucional para combatir a las organizaciones rivales.

Debido a lo anterior, es tiempo que como sociedad y como Estado Mexicano impulsemos un plan integral que nos permita, en el mediano plazo, reducir de forma considerable la cantidad de homicidios dolosos que se registra en el país.

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