Seremos los padres de familia quienes tendremos que subsidiar al sistema educativo para que la enseñanza impartida por televisión pueda ser eficaz

Aunque un número importante de escuelas privadas iniciaron el ciclo escolar 2020-2021 hace una semana, el arranque para la inmensa mayoría de los alumnos de nivel básico y medio –los que asisten a las escuelas públicas– será hoy. Lo harán, como se sabe, desde sus casas y enfrente del televisor.

Será así al menos hasta el final del año. Ya se verá en enero si las condiciones sanitarias permiten el retorno presencial a los planteles educativos o se debe extender el “experimento” que la Secretaría de Educación Pública ha decidido realizar para cumplir con sus obligaciones legales.

Lo único que todos tenemos de cierto ante el arranque del ciclo escolar es que los padres de familia sufriremos un auténtico viacrucis para apoyar a nuestros hijos en la continuación o inicio de sus estudios. Sobre todo, aquellos que tienen más de uno en edad escolar.

Y esto es así porque el trabajo que regularmente realizar los profesores que se encuentran frente a grupo simplemente no existirá por ahora. Seremos los padres de familia quienes tendremos que subsidiar al sistema educativo para que la enseñanza impartida por televisión pueda ser eficaz.

También falta por ver la calidad del trabajo realizado para trasladar los contenidos del plan de estudios al lenguaje de la televisión. Porque no se trata simplemente de transmitir videos en los cuales aparezca alguien impartiendo clases: además de garantizar que allí estén plasmados los conocimientos requeridos por el alumno es indispensable que la presentación resulte atractiva y, sobre todo, que el lenguaje comunicacional sea el adecuado.

Valdrá la pena en este sentido que el Gobierno de la República esté atento a medir el impacto de la educación por televisión y realizar con rapidez los ajustes necesarios para asegurar que el proceso ofrezca, al final, el resultado deseable.

También será necesario que se vayan preparando los programas remediales que, casi con toda seguridad, serán necesarios para cerrar las brechas que dejará un período sin interacción entre alumnos y maestros, lo cual implica dejar en el aire las dudas que surjan.

Porque al menos cuando las clases se imparten en línea, los alumnos tienen la posibilidad de formular preguntas, de pedir que se repita algo que no les quedó claro, de solicitar información adicional que les permita comprender aquello que constituye una novedad absoluta.

Esto último es particularmente relevante en el caso de las materias “difíciles”, como matemáticas, física, química y, en general, aquellas que no pueden transitarse simplemente leyendo textos o realizando ejercicio de memorización.

Finalmente habrá que ver cómo se pretende evaluar lo aprendido. Cómo se va a medir la calidad y cantidad de los conocimientos adquiridos durante estos meses, a fin de decidir si los alumnos se consideran aptos para avanzar al siguiente nivel escolar.

Por lo pronto a encender el televisor y experimentar esta, una de las aristas más complejas de la “nueva normalidad”.