Ilustración - Esmirna Barrera
Estados Unidos pretende llevar a cabo el tercer proceso en su historia para destituir a su Presidente, ¿lo hará?

La destitución del presidente de cualquier país del cargo más elevado de su democracia, evidentemente se convertirá en el trago más amargo del Jefe de Estado, y sus repercusiones –políticas, económicas, de seguridad pública y hasta anímicas– no serán ningún paseo en el parque.

Por si no fuera suficiente, el efecto de las ondas formadas desde el sitio donde se hundió la piedra lanzada al centro del estanque político, alcanzará a mover a otros actores cercanos provocando más o menos daños, según la situación de las naciones alcanzadas.

Hablamos, obviamente, del proceso de impeachment que los legisladores del Partido Demócrata iniciaron para arrancar la investigación previa, en un intento por destituir al presidente Donald Trump, a fin de descarrilar, de ser posible, las aspiraciones del magnate para dormir de vez en cuando en la Casa Blanca, al menos por los siguientes cuatro años.

Analizando cuál puede ser el daño que cause a México una investigación contra Trump, tal cual pretende impulsar Nancy Pelosi desde la Cámara de los Representantes, es imposible no pensar en el T-MEC, la “versión 2.0” del Acuerdo de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá que, pese a haber sido aprobado y firmado a fines de 2018 por los Jefes de Estado de las tres nacionales, aún no es avalado por las Cámaras de Senadores de Washington y Ottawa, así que hasta ahora los únicos tribunos que le dieron el Sí al T-MEC fueron los mexicanos.

En nuestro País, inquieta que el proceso de impeachment posponga la atención que las autoridades estadounidenses le otorguen al T-MEC, para revisarlo, evaluarlo y, en su caso, aprobado.

Es plausible que las huestes de Pelosi concentren sus esfuerzos en determinar si la llamada telefónica entre los presidentes Trump y Volodímir Zelenski, de Ucrania, violó aspectos delicados para la seguridad nacional.

En tal escenario, el T-MEC y otros pendientes en la agenda legislativa estadounidense podrían posponerse hasta 2018.

Habrá que ver si la petición del presidente Donald Trump para que su colega ucraniano investigue al hijo del exvicepresidente demócrata, Joe Biden, otro posible candidato a la Casa Blanca, relega al libre comercio en Norteamérica.