La moral no es como lo afirmaba el mítico Fidel Velázquez, un árbol que da moras. La moral son un conjunto de convicciones que se aprenden desde la infancia, se revisa a lo largo de la vida y comprometen al individuo en conciencia. Son prácticas que incluyen normas, costumbres y creencias sobre lo correcto y lo incorrecto o simple y llanamente sobre lo esperado y no en la sociedad en la que vivimos. 

A diferencia de la ética que es pública, la moral es personal y tiene que ver con grupos particulares; por eso hay una moral protestante, católica, budista, del Islam y así dependiendo de las diferencias culturales, religiosas o ideológicas. Es decir, se adapta a las condiciones de supervivencia de la sociedad en cuestión. Como característica tendríamos que decir que es cambiante y se encuentra en permanente evolución. Podemos verlo a través del tiempo y de la historia. La ética tendrá otras características.

¿Qué se espera en una sociedad o en un grupo determinado de un individuo con respecto a las costumbres, normas y formas de comportarse? Eso lo resuelve la moral. 

Por eso cuando conoces el marco normativo en el que pervives y haces todo lo contrario, no hay de otra, eres un inmoral. Aunque te parezca simple; te pasas un semáforo, te adelantas en una fila, practicas el influyentismo, el compadrazgo, los conflictos de intereses, te copias en un examen, tomas lo que no te corresponde “aunque sea poquito”, en síntesis y haces lo que sabes que no debes de hacer, eres un inmoral. 

El ser humano tiene una referencia obligada a la norma, al orden y sobre todo al equilibrio físico y mental que traerán como resultado el desarrollo armónico de la sociedad. Así, como no existen seres humanos sin cultura, no existen seres humanos sin moralidad. De ahí que me parece oportuna la frase que dice que podemos ser inmorales, pero no a-morales. Esto es, podemos tener una referencia a la norma (jurídica, moral, ética, religiosa, etc.) y hacer lo contrario fabricando una moral de doble discurso, pero imposible no tener una referencia a la norma (a-moralidad). 

Las leyes y normas en general son un garante del equilibrio social. En lo privado son los códigos normativos de cada grupo en el que interactuamos, en lo público es el estado de derecho.

Resumiendo, la forma de comportarse en lo privado la regulan los códigos que se han establecido en los diferentes grupos, pero también a nivel macro hay una moral que en México se circunscribe a lo enmarcado en la Constitución, aunque la misma sea la expresión más nítida de la Ética Civil. Lo esperado entonces sería en ese orden de ideas que muchos sabiendo lo que no deben de hacer, hacen lo contrario.

Irresponsabilidades en sus múltiples formas, fraudes, usura, robos a ojos vistos, fuga de información, conflictos de intereses, delitos contra el patrimonio del Estado, es decir peculados, son el rostro más nítido de la inmoralidad que atenta contra la cultura de la legalidad y el estado de derecho.

Este último es uno de los lastres más severos que vivimos en nuestra sociedad mexicana. Los servidores públicos lo tienen claro y pareciera que son “valores entendidos”, son 6 o 3 años y hay que aprovecharlos. Se trata de que nadie te vea y de atender a la permisividad social, “no le pido a Dios que me dé, sino que me ponga donde hay” pareciera ser el axioma que a muchos les ha funcionado, finalmente la inmoralidad se basa en el rompimiento de las normas establecidas socialmente, donde el escarnio público, es la sanción que la sociedad aplica y es proporcional al monto o tamaño de la apropiación de dichos bienes.

De manera recurrente los medios nos dicen nombres y sumas considerables de servidores públicos que han abusado de la confianza que el pueblo les ha otorgado en la vigilancia y el cuidado del dinero que llega a las arcas del estado por concepto de impuestos en sus múltiples formas. Se entiende, por tanto, el desánimo de la ciudadanía cuando se trata de pagar prediales, tenencias, seguros, entre otros conceptos, que muchos conscientemente, con buena voluntad y con un alto sentido de la responsabilidad cívica, lo aplican con la confianza de que éstas prácticas ya no ocurran. 

Peculio es una palabra latina que significa capital, y tiene que ver totalmente con un servidor público que defrauda la confianza de los ciudadanos. El que sea, desde el de menor hasta el de mayor responsabilidad. El tema tiene que ver con todo servidor público independientemente de su rango, que hace uso de recursos públicos que tienen como objeto, servir al bien común. El peculado es y seguirá siendo un menoscabo público que atenta contra la misma ciudadanía representada por el estado. 

Esta práctica que es realizada por servidores públicos comenzó en un primer momento, como el robo que particulares hacían del ganado que pertenecía al estado romano. Poco después se aplicó a todo robo que se hacía en contra de las propiedades del estado. En algunas sociedades, el castigo para quien se apropiaba de los bienes de todos, de los bienes del estado, era la mutilación de una mano o de las dos, en otras, la pena de muerte. Simplemente, era inexplicable que alguien se apoderará de los bienes que eran de todos.

Ahora bien, no solo es la inmoralidad la que luce en estos casos, el peculado es un acto ilegal porque se atenta contra lo establecido en el artículo 223 del Código Penal que afirma que “todo servidor público que para usos propios o ajenos distraiga de su objeto dinero, valores, fincas o cualquier otra cosa perteneciente al Estado, al organismo descentralizado o a un particular, si por razón de su cargo los hubiere recibido en administración, en depósito o por otra causa”. 

Las normas morales proceden de las costumbres y las tradiciones y se responde ante la conciencia. Las normas legales y jurídicas proceden del Estado y obligan a todos los residentes de un territorio y se responde ante el poder político. No son suficientes de 2 a 14 años de cárcel como ésta tipificado en el Código Penal dependiendo de la gravedad de la acción. Esto en ocasiones se soluciona con un juicio de amparo o un cambio de domicilio. 

Es necesario el endurecimiento de penas y castigos ejemplares, pero sobre todo es fundamental que la ley se aplique para todos. Muy probablemente a muchos no les interese el tema de la moralidad y en este caso el de la inmoralidad, pero sí debería de importarles el tema de la legalidad porque al tiempo, todo cae por su propio peso y porque no se puede tapar el sol con un dedo.