Al Centro Pro, constructor de un México mejor.


BOSTON.- La irracionalidad corroe la civilidad. ¿Cómo detenerla?, ¿cómo revertirla? Lo discuto con la manipulación electoral que están haciendo en los Estados Unidos con la caravana centroamericana y la política cómplice seguida por el gobierno de Enrique Peña Nieto.  

La historia está hecha de colisiones entre la razón y el oscurantismo. Cuando Galileo retó a la Inquisición con su lectura del universo, aceleró una revolución científica que Hegel capturaría, tiempo después, en una frase que define una época. Cuando dijo: “lo real es lo racional” sepultaba –simbólicamente- la invocación a la voluntad divina que manejaban a su conveniencia papas, monarcas y nobles y anunciaba la llegada de una era en la cual la vida pública tendría que legitimarse por lo “racional” que sería lo único “real”. 

Nunca hubo un corte quirúrgico y definitivo. Tenemos siglos oscilando entre los dos impulsos como puede observarse en Europa, Brasil y los Estados Unidos. Este último país se convirtió en potencia basándose en el conocimiento, sin que se eliminaran ideas tan retrógradas como la superioridad de una raza y la negación del otro. Creencias que han adquirido protagonismo político desde la irrupción de Donald Trump en la política estadounidense. 

El enfrentamiento entre liberales y conservadores es integral y fácilmente observable. Tomemos el contenido de los noticieros de las grandes televisoras estadounidenses. La cadena Fox difunde los puntos de vista conservadores y tiene un auditorio de 2.3 millones durante la hora punta. Los liberales responden desde MSNBC y CNN que tienen, entre los dos, casi tres millones de personas durante el mismo horario. Siguen métodos de argumentación diferentes. En el espacio conservador es frecuente escuchar afirmaciones con escaso (o dudoso) sustento fáctico; en el campo liberal, hay un esfuerzo por dar las razones y argumentos exigidos por el protocolo de una democracia liberal.

Para los conservadores, la caravana de migrantes centroamericanos que cruza México es una horda de extranjeros que “invadirán” los Estados Unidos, alentados por los demócratas y financiados por George Soros. El deber de los patriotas es detenerlos y Trump está encabezando la defensa con el envío de más de cinco mil soldados a la frontera común. 

El mensaje es frágil, pero cuando tomaba fuerza, salió de la marginalidad social un desquiciado antisemita que, armado de fusil y pistolas, entró el sábado pasado a una sinagoga para matar judíos y salvar a la patria; murieron ocho varones y tres mujeres. Su odio y resentimiento venía de que una prestigiada organización judía, HIAS, ayuda a refugiados centroamericanos; era, por tanto, cómplice de la conspiración que busca destruir a los Estados Unidos. La tragedia y la reacción de Trump y los republicanos han elevado el nivel de la animosidad, cuando faltan unos días para unos comicios trascendentales.  

El martes próximo se medirán en las urnas las dos visiones del mundo. En este momento, los analistas serios coinciden en lo incierto del resultado y en que será otro episodio en una guerra sin desenlace a la vista. 

Al darle paso a la caravana, Enrique Peña Nieto volvió a jugársela con Trump y los conservadores. Su decisión es lógica; lo sorprendente es el absurdo silencio de las nuevas élites políticas que optan por evadir una discusión indispensable. El tema es difícil y espinoso, pero es absurdo que el Senado pase por alto la política peñanietista hacia la caravana. ¿Conviene a México apoyar tanto a los conservadores?, ¿existen alternativas?

Con su indiferencia, evaden las consecuencias de la globalización y de compartir fronteras con zonas en ebullición. Nos afecta directamente lo que pasa en América Central y en los Estados Unidos. De hecho, la estrategia migratoria y de seguridad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador se verá influida por lo que pase el próximo martes en los Estados Unidos. 

México carece de una política exterior a la altura de lo que estamos viviendo. Tan irracional es el discurso de los que categorizan a la caravana como una conspiración antiestadounidense, como la negativa de los gobernantes mexicanos a discutir cómo enfrentaremos las amenazas externas a nuestras fronteras y a nuestro futuro.  

Twitter: @sergioaguayo
Colaboró Zyanya Valeria Hernández Almaguer.