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Ha mantenido sus tipos de referencia inalterados en el rango 0,25-0,50%, esto al menos hasta después de las elecciones
El banco central indica que la nueva subida del precio del dinero en EU llegará en diciembre si las condiciones lo permiten

La cuenta atrás está lanzada para el segundo alza de tipo en Estados Unidos. La Reserva Federal decidió de nuevo mantener intacto el precio del dinero en una banda entre el 0,25% y el 0,5%. Sin embargo, el banco central estadounidense es claro al hablar de la mejora en las condiciones económicas y financieras. Eso justificaría un nuevo incremento de un cuarto de punto en la próxima cita, en solo seis semanas, pasadas unas elecciones presidenciales muy disputadas entre Hillary Clinton y Donald Trump que crean ansiedad.

El comunicado final de la Fed muestra el camino, al afirmar que “se refuerzan” los argumentos para el alza. Pero más allá de eso, el equipo que preside Janet Yellen evita ser preciso en el calendario y se mantiene a la espera de tener más pruebas para avanzar en el proceso de normalización. El mensaje es muy similar al que se lanzó en septiembre. Esta vez hubo dos disidentes, reflejo de que la presión interna es enorme.

La posibilidad del alza de tipos en esta reunión era en cualquier caso remota. El encuentro se produjo a solo seis días de las presidenciales. Wall Street anticipa la victoria de Hillary Clinton y que los republicanos mantengan el control del Senado. Pero con la batalla política tan reñida, lo razonable era que la Fed se mantuviera al margen. El temor es que el resultado se convierta en la mayor amenaza para los mercados.

A la atención que domina la campaña electoral se le sumó en las últimas semanas la ansiedad creciente por el proceso de abandono de Reino Unido de la Unión Europea. Pese a estos dos factores, la Reserva Federal indica en su comunicado final que el alza de tipos está cerca y ajustó el lenguaje para apuntar que es algo que sucederá el próximo diciembre si las condiciones económicas lo permiten.

El Dow Jones encaró la reunión tratando de aguantar el nivel de los 18.000 puntos. La idea del alza de tipos preocupa a Wall Street, pero es más bien por otros factores de incertidumbre. Y aunque las señales que llegan de la economía son mixtas, se está quedando sin argumentos para justificar el inmovilismo, porque la economía avanza en buena dirección, y en juego está su credibilidad.

Un año completo

En su análisis la Fed indica que el mercado laboral sigue generando empleo con solidez y afirma que el crecimiento de la actividad económica repuntó frente al ritmo modesto que se vio en la primera mitad del año. El viernes se conocerá el indicador del empleo de octubre, el último dato relevante antes del paso por las urnas. La inflación está bajo control y la presión de los salarios es baja.

Si finalmente sube tipos en diciembre, habrá pasado un año completo desde el primer incremento en este ciclo. La idea cuando se inició el proceso de normalización de la política monetaria era haber realizado cuatro subidas de un cuarto de punto a lo largo de 2016. Esa posibilidad quedó pronto reducida a la mitad y en este momento no está claro cuál será el camino a seguir a lo largo de 2017.

El repunte de la economía en el tercer trimestre y los comentarios de los miembros cada vez más favorables a dar el paso provocaron que las expectativas para el alza de tipos en diciembre rebasen el 70%. Es el doble comparado con las posibilidades que se daban hace un año al primer alza. La Fed, entonces, no tuvo que ser muy específica respecto a sus intenciones, porque el mercado lo daba por hecho.

Independientemente del momento en el que se del segundo paso, los miembros de la Fed dejan claro que el avance será “gradual” y el dinero barato seguirá siendo la norma “durante un tiempo”. El tipo máximo a largo plazo se ve ahora en el 3%, de acuerdo con la última encuesta interna publicada en septiembre. Eso implica que la curva será mucho más plana, reflejo de que prima la cautela.

Yellen se mostró abierta, además, a permitir lo que denominó como una “economía de alta presión”. Eso, en línea con los comentarios de otros miembros, implicaría que el banco central estaría abierto a que se rebasara el objetivo de inflación, fijado en el 2%, y se permitiría que la tasa de paro cayera por debajo del 4,8%, el nivel que se considera como pleno empleo, antes de subir los tipos.