En los países prósperos que producen bienestar, la libertad y la ciencia caminan de la mano. La revolución científica y la revolución democrática se vincularon y apoyaron mutuamente durante al menos los últimos siglos. Si un gobernante no ve este círculo virtuoso, condena a su pueblo a la miseria.

Los países que auspiciaron la ciencia son los que también aseguraron un ambiente de libertades democráticas. En cierto sentido, ambas revoluciones se basan en el método científico basado en experimentación y aprendizaje. Ambos adoptan una postura de apertura hacia lo nuevo, hacia la innovación y el progreso.

En ambos casos se trata de adquirir conocimiento. La democracia aprende con las decisiones colectivas y corrige sus resultados. La ciencia aprende con sus experimentos controlados, pero ninguno aduce tener la verdad única o definitiva.

Nosotros, como vecinos de Estados Unidos, fuimos contagiados, sobre todo en el norte del país, con esta mentalidad abierta y sin miedo a experimentar. En cambio, con cada vez mayor nerviosismo nos empezamos a percatar de que en la presidencia de la república llegó alguien que tiene una visión radicalmente opuesta a la del progreso y el bienestar a través de la ciencia.

Timothy Ferris aborda este tema en su libro “The Science of Liberty”. En su exploración encontramos otro indicio de que lo que ahora sucede en México no puede ser bueno. La Cuarta Transformación es una involución, un retroceso, un desmantelamiento de una estructura que buscaba crecimiento y desarrollo basado en ciencia y libertad.

En vez de ello, Andrés Manuel López Obrador pregona el conformismo, la baja de miras. Para Ferris la explicación es muy sencilla. Lo contrario al ambiente de libertad (por ejemplo empresarial entre otras) es darle prioridad a la igualdad. En vez de crear, repartir. En vez de avanzar, emparejar a todos. Eso implica quitarle al que tiene para darle al que no tiene. No es invitarlo a producir, sino sentarlo a la mesa sin exigirle algo a cambio.

La ciencia es anti-autoritaria dice Ferris. No es por nada que muchos de los fundadores de estados unidos tenían una veta científica, como Benjamin Franklin, Thomas Paine y Thomas Jefferson. Este último admirador ferviente de Bacon, Locke y Newton fundadores de la ciencia tradicional. Luego crearon la Constitución de los Estados Unidos que inspiró la nuestra, con su separación y balance entre poderes.

La cuota para “permanecer siendo un jugador en el club de ciencia y libertad”, dice Ferris, es una inversión continua de cuando menos un dos por ciento del PIB en lo que es investigación científica y desarrollo.” En México ese gasto no llega al uno por ciento, y ahora, con la desaparición de los fideicomisos de investigación, ni siquiera eso.

Toda esta estructura la está tirando a la basura Andrés. Me refiero a cuestiones fundamentales de diseño para garantizar democracia y libertad. O sea que una vez en el poder, Andrés empieza a clausurar libertades y a cancelar democracia. No hay opciones.

Se le olvida a Andrés que ganó la elección presidencial con el apoyo de una minoría de los mexicanos. Y si bien existe un consenso amplio en favor de eliminar la corrupción, el mandato recibido está lejos de autorizar el contenido de la cuarta transformación que él promueve porque atenta contra decisiones fundamentales del pueblo mexicano.

Paso a paso, con medidas diversas y muchas de ellas que pasan desapercibidas, empieza a aplanar el aparato económico destruyendo a la planta productiva. Es como si alguien para sobrevivir en un pozo se devora sus propios músculos. Alargas la vida unos días, pero garantizas la muerte sin salir del pozo.

Ferris nos lo advierte claramente: “la gente de izquierda o progresistas son quienes valoran más la igualdad que la libertad, y están dispuestos a poner la fuerza del gobierno detrás de los esfuerzos para crear una mayor igualdad económica y política, aún a costa de sacrificar las libertades personales en el proceso”.

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Javier Livas

Columna: Libertad y Justicia