Según la comisión, 2 millones 217 mil 648 niños mexicanos laboran en actividades que no están reguladas. Foto: Archivo
A pesar de que en México 80.7 por ciento de programas presupuestarios toca en algún punto los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), que tienen como propósito reducir la pobreza y proteger el medio ambiente, el país se encuentra entre los más desiguales de la región

A pesar de que en México 80.7 por ciento de programas presupuestarios toca en algún punto los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), que tienen como propósito reducir la pobreza y proteger el medio ambiente, el país se encuentra entre los más desiguales de la región, según información reunida por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En el Informe de avance cuatrienal sobre el progreso y los desafíos regionales de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe, que será presentado el próximo día 24, la Cepal expone que en la coyuntura actual se está lejos de cumplir con el objetivo de poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia y hacer frente al cambio climático sin que nadie quede rezagado para 2030 en la región.

En México, el gasto se ha ido a 773 programas que en algún punto se vinculan con dichos objetivos fijados por la Organización de Naciones Unidas. Los que tienen que ver con el propósito de brindar paz, justicia e instituciones sólidas, de acuerdo con información de la Secretaría de Haciemda y Crédito Público, son 173, casi uno de cada cuatro.

Setenta atañen a industria, innovación e infraestructura, 60 a educación de calidad, 57 a trabajo y crecimiento económico, 57 a salud y bienestar, 54 a ciudades y comunidades sostenibles, y 48 a poner fin a la pobreza. Ello, entre los temas vinculados con los ODS en que hay más programas presupuestados.

Del otro lado hay un menor número de programas que buscan atender la acción del clima: 16 sobre un tema que fue angular durante la conformación de los ODS, 17 para la vida de ecosistemas terrestres, 13 para agua limpia y saneamiento, y 23 para la protección de la vida submarina.

En desigualdad, México encabeza en la región la concentración de la riqueza: 20 por ciento de activos físicos y financieros, que implican las participaciones en bolsa, se concentran en 20 mil cuentas, expone la Cepal en el documento previo.

La desigualdad en México es palpable. Foto: Especial

También permanecen rezagos en combatir feminicidios y trabajo infantil.

En 2017, el documento consigna 760 feminicidios, número absoluto que es el segundo más alto de la región, detrás de Brasil, pero la tasa por cada 100 mil habitantes es más alta entre los mexicanos, dada la disparidad en el número de población. 1.2 y 1.1, respectivamente.

Los datos de las principales economías de América Latina se quedan atrás frente a la proporción de asesinatos de mujeres reportados en el llamado Triángulo Dorado de Centroamérica.

El Salvador tuvo 345 homicidios, casi la mitad de los que hubo en México, siendo un país considerablemente más pequeño en extensión y población. Su tasa es la más alta en el continente, con 10.2 por cada 100 mil habitantes, seguido por Honduras y Guatemala con 5.1 y 2.6, respectivamente.

En el caso del trabajo infantil, también México es el segundo país después de Brasil con menores laborando en situaciones no reguladas (2 millones 217 mil 648, según las cifras más recientes), pero también gana a este último en proporción: 7.5 por ciento frente a 6.5 de la fuerza laboral.

Situaciones políticas que originalmente parecían limitadas a pocos países desarrollados se han expandido en la región, exacerbadas por la dificultad para retomar un ritmo de crecimiento económico adecuado para responder a las necesidades de creación de empleos de calidad y de aumentos de la productividad que sustenten mayores niveles salariales, plantea el informe.

Agrega: “Las previsiones sobre la creciente incertidumbre en el escenario económico y social a escala mundial han mostrado ser correctas. Conforme se preveía en los informes de 2017 y 2018, las tensiones subyacentes al aprobarse la Agenda 2030 han adquirido creciente presencia y se han manifestado en elementos de ‘guerra comercial’ y de control de inversiones entre las mayores potencias económicas, disputas por la hegemonía tecnológica, en particular ante el inminente despliegue de las redes 5G y cambios en el discurso y la realidad política que reflejan un nivel de contradicciones no observado en décadas recientes”.