La personalidad de José Stalin, el dictador ruso, no era nada edificante: egocéntrico, ambicioso y cínico. De su corte de seguidores exigía fidelidad al 100 por ciento y también hacerse, como decimos coloquialmente en México, ciegos a conveniencia. Ejercía fascinación sobre ellos con dogmas falsos, con utopías, con cuentos. Los convirtió en sus esclavos, les metió en la cabeza que él era una especie de súper hombre y aceptaron vivir bajo ese régimen totalitario en el que la verdad estaba proscrita y la única aceptable era la suya. América Latina ha tenido y sigue teniendo en muchos de sus espacios, gobiernos de esa ralea. Generan países en los que el individuo deja de ser considerado como tal y su libertad reducida a cero. Pareciera que los hombres de estos lares tienen debilidad por la subordinación a caciques, les permiten hasta que los devore y los convierta en una masa amorfa. Vemos a estas personas peleando, atacando a quienes no compartan el pensamiento de su líder, cegados hasta la irracionalidad porque no admiten que su mesías se equivoque, incluso defienden sus yerros, aunque esté cargándose la libertad, la economía, la propiedad privada, desgraciando la educación, entre otros horrores. Cuidado con esta multitud fanatizada a la que le hacen creer que es parte de un proyecto de transformación nunca antes visto. La pérdida de la individualidad y el populismo son el combustible de los totalitarismos de las izquierdas abyectas.

La educación es el instrumento más ad hoc, para hacer de un pueblo una nación exitosa y también para todo lo contrario. Andrés Manuel López Obrador echó abajo la única reforma que le daba a México la posibilidad de cambiar el futuro de las nuevas generaciones. El COVID-19 por supuesto que le vino como anillo al dedo, la gente anda tan angustiada que de lo último que se ocupa es de echarle, aunque sea una mirada, al desastre que ha hecho con la educación. Es cierto que el nuevo ciclo escolar tiene que iniciar bajo el esquema mixto de clases presenciales y clases a distancia y que la educación del mañana va a tener que aprender a vivir con modelos vinculados a la tecnología. Eso no me preocupa, lo que me aterra son los contenidos de las asignaturas… ¿Quiénes los hacen? Al órgano que supervisaba lo borraron del mapa, el INEE, es decir, desecharon la expertise. No se han ocupado de crear un Consejo Técnico Consultivo en materia educativa, con integrantes de probado perfil en estos temas, al margen de politiquerías, enconos personales, manías y obcecaciones de quien está empeñado en ser el ombligo de México los 365 días del año por seis años. Los contenidos que imparten los profesores(as) se determinan desde arriba, es decir, desde la Administración Pública, desde la SEP se configura al sistema educativo. Y aquí es donde me angustio, porque igual que muchos mexicanos, nos hemos venido dando cuenta, dada la personalidad del Ejecutivo federal en turno, de actitudes y hechos, sobre todo en sus hechos, de su capacidad para pulverizar todo aquello que no provenga de lo que danza en su cabeza. A través del sistema puede hacer uso de su capacidad coercitiva para imponer qué es lo que se aprende y qué no y de esta forma manipular a los educados. Esto no es tema nuevo, es sabido por los expertos en la materia que el sistema de enseñanza y la educación funcionan como un mecanismo de perpetuación de la sociedad y de aceptación del orden social existente. Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron, sociólogos expertos en educación, realizaron una crítica bien dura a los sistemas de enseñanza, aplicable en México: “cada sistema de enseñanza institucionalizada debe las características específicas de su estructura y de su funcionamiento al hecho de que debe producir y reproducir, a través de los medios propios de la institución, las condiciones institucionales cuya existencia y persistencia son necesarias tanto para el ejercicio de sus funciones propias, como para la reproducción de una arbitrariedad cultural, cuya reproducción contribuye a la reproducción de las relaciones entre los grupos y las clases’’. Lo que aprendes en la escuela no nada más son matemáticas y gramática –ups– también debe darte para que desarrolles identidad, conductas, actitudes, criterio, formación cívica, entre otros aspectos. Así de llano y de simple. Señores maestros, señores padres de familia, necesitamos construir una sociedad democrática, libre pensadora, una educación cuyos contenidos sean manipulados no sirve para alcanzar este grandioso objetivo.

Y el ribete, el jaque a las escuelas particulares por las condiciones económicas que hoy privan, con la consabida migración de cientos de niños y jóvenes a la escuela pública, sabiendo que esta no se da abasto con lo que ya tiene. El país ha pagado un alto precio por las deficiencias educativas. Al gobernante que se vendió como salvador de México, no le importan. No tenemos un estadista, sino un logrero fanático, un auténtico narcisista rodeado de personas que renunciaron a sí mismos para servirle hasta la ignominia. Seguimos sin aprender a ser mexicanos, nomás decimos que amamos a México pero…