El coronavirus acentúa la desigualdad social

Los mexicanos estamos acostumbrados a mentir y a olvidar. Será cuestión idiosincrática o será por la posición geográfica del País, o por otras razones más, no lo sé; pero ello, en diversas situaciones, suele ser productivo.

En uno de los textos de Juan Villoro escrito en el año 2016 decía: “un amigo afirma: La hipocresía es uno de mis cincuenta defectos y una de mis cinco virtudes. Dependiendo de las circunstancias, mentir puede ser un agravio o un beneficio”. Impuesto y después asímilado (por nuestras trayecto-dependencias díria mi amigo Adolfo Orive) los mexicanos usamos a la cortesía, la mentira y el olvido más que como un deseo como una forma de supervivencia.

Desde los tiempos donde las situaciones de violencia y crimen organizado acaparaban primeras planas de los periódicos nacionales, hasta hoy, donde el coronavirus llegó para quedarse, (en las primeras planas) las “buenas formas” dejaron de garantizarle seguridad al mexicano. Agregemos que vivimos en una sociedad del espectáculo, invadido por las redes sociales donde todo se exhíbe. Las mentiras piadosas son ya un anacronismo. Antes, los simulacros, las insinuaciones, los valores entendidos, la discreción y el silencio eran recursos de la comunicación. La experiencia se teatralizaba con resultados no siempre positivos (se puede apreciar en la poca claridad de nuestro Presidente).

De todo lo escrito sobre el COVID-19 y toda la serie de implicaciones en las que se lleva de encuentro a nuestro País, propongo que rectivemos al olvido –parafraseando a Villoro– ya que esta pandemia ha cambiado nuestra forma de vida. Nos acostumbrá a contar el número de infectados, el numero de muertos, obliga a cerrar escuelas, negocios, comercios, fábricas. Los mexicanos –la gran mayoría– nos encontramos recluidos en nuestras casas. La sensación de incertidumbre y vacio flotan en el ambiente.

Por otra parte, no necesito ser un especialista en el tema para decir que el coronavirus hará estragos, además del universo de la salud, en la economía y en las relaciones sociales. Muchos negocios no podrán reabrir sus puertas, las ramas de producción se adelgazarán, habrá un enorme desempleo y el trabajo informal que muchos desdeñan también se verá perjudicado.

Hoy en día, no hay un sólo análista que no vea un decrecimiento del PIB, lo que significa una reducción de nuestra economía. México siempre ha salido adelante ante adversidades fuertes de cualquier índole, es por eso que propongo al olvido. Ojo, ello no es sinónimo de inacción sino muestra del mexicano echado pa’delante en donde cualquier piedra o piedrota en el camino no son obstáculo suficiente para detenerse; porque si no la irritación, el desencanto y la amargura carcomerán nuestras cabezas.

Finalmente, quiero aprovechar el espacio para recomendar en estos tiempos de cuarentena, el libro “La lucha por la Desigualdad” de Gonzalo Pontón, en donde realiza un trabajo histórico y de análisis crítico que lleva al propio lector a descubrir cómo las desigualdades que hoy nos tocan vivir proceden de la esencia misma del sistema económico que se forjó en el siglo 18. Ese periodo, lejos de ser una etapa revolucionaria y de ilustración de las sociedades humanas (igualdad, libertad y fraternidad) dio los primeros pasos para convertirse en un modelo de sociedad que condenó definitivamente a las clases populares a la explotación y al olvido.

Este libro nos ayuda a tener otra visión para comparar la realidad en el campo, las ciudades, la educación, el pensamiento político y la cultura en países de distintos rumbos de América y especialmente en nuestro País.

Nuestro presente está lleno de bruma, lo de ayer ya fue, partamos con acciones para que nos pinte peor y no nos echemos en cara el pasado después.

Abraham Álvarez

Columna: Vía comento