Se llevó a cabo un concurso entre las flores a fin de ver cuál era la más humilde.

Ganó la violetas, que parecía esconderse, tímida, entre sus hojas.

Le preguntaron:

-¿Qué quieres de premio?

Respondió la violeta:

-Que me aparten estas molestas hojas que me cubren, para que el mundo entero pueda contemplar mi inmensa belleza, superior a la de todas las demás flores.

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El jurado calificador decidió que la rosa merecía un reconocimiento, tanto por su hermosura como por el aroma con que siempre había deleitado al mundo.

-Ningún homenaje quiero recibir –dijo la rosa-. Lo único que pido es que los poetas y los compositores de canciones me dejen ya en paz.

¡Hasta mañana!...