Gran tiradora con rifle era doña Narda, originaria y vecina del Potrero.

Bernarda, se llamaba. Heredó la buena puntería de su padre, famoso cazador que gustaba de lucir su tino haciendo caer a un gavilán en vuelo con un solo disparo de su veintidós.

Una tarde doña Narda vio a la Régula ir por el camino a lomos de su burra. Días antes le habían dicho que la tal Régula y su marido –el de doña Narda-se entendían. Sacó el rifle la hija de su padre, y a más de 100 metros de distancia tiró un tiro. La burra vino al suelo con una bala en la cabeza. Le dijo la tiradora a su rival:

-Y la próxima vez que pases por aquí no pasarás de aquí.

Aquella misma tarde la Régula tomó el camión y se marchó a Saltillo. Entiendo que el esposo de doña Narda ya no ha vuelto a andar en malos entendidos. 

Yo quiero bien a doña Narda, y ella me ve con buenos ojos. No los de tiradora, sino los de vecina buena y servicial. Me cuido, sin embargo, de hacer algo que pudiera molestarla. No es miedo ¿saben? Es solamente instinto de conservación.

¡Hasta mañana!...