“La fe mueve montañas”.

Así se dijo en los pasados tiempos.

Y era cierto: sé de varias montañas que fueron movidas por la fe. Las Rocallosas, por ejemplo, se hallaban un poco más al norte. Los Cárpatos no estaban donde ahora están. Por causa de la fe el Popocatépetl se acercó varios centenares de metros al Iztaccíhuatl.

Ahora, sin embargo, las montañas están tristes.

La fe ya no las mueve, y se ven precisadas a estar siempre en el mismo lugar.

Y es que la fe no es ya la misma de antes. ¿Puede compararse la fe de hoy con la que había, por ejemplo, en los primeros tiempos del cristianismo o en la Edad Media, que algunos llaman precisamente Edad de la Fe?

Si sabe usted de alguna montaña que la fe haya movido últimamente, por favor hágamelo saber.

No quiero perder la fe en la fe.

¡Hasta mañana!...