El Quijote II, 72

En un mesón del camino coinciden don Quijote y don Álvaro Tarfe. Éste es uno de los personajes importantes del Quijote apócrifo escrito por Fernández de Avellaneda. A don Quijote le resulta familiar el nombre de Álvaro Tarfe, que recuerda de cuando hojeó aquel libro falso. Le pregunta al respecto y don Álvaro le responde que “el tal don Quijote, sujeto principal de tal historia, fue grandísimo amigo mío”.

Entonces el caballero manchego pregunta a don Álvaro: “¿Parezco yo en algo a ese tal don Quijote que vuesa merced dice?”. Y don Álvaro responde que “en ninguna manera”.

Luego Sancho Panza aclara a don Álvaro Tarfe que “el verdadero don Quijote de la Mancha, el famoso, el valiente y el discreto, el enamorado, el desfacedor de agravios, el tutor de pupilos y huérfanos, el amparo de las viudas, el matador de las doncellas, y el que tiene por única señora a la sin par Dulcinea del Toboso,  es este señor que está presente, que es mi amo; todo cualquier otro don Quijote y cualquier otro Sancho Panza es burlería y cosa de sueño”.

(En esta elogiosa presentación que Sancho hace de don Quijote llama a éste “matador de las doncellas” en alusión a Altisidora, quien siguiendo el plan de burlas orquestado por los Duques, finge morir al ser desdeñada por don Quijote).

Al parecer, el caballero manchego percibe que su buen escudero se ha excedido al mencionar sus cualidades y méritos. Por ello, Cervantes escribe lo siguiente:

“Yo, dijo don Quijote, NO SÉ DECIR SI SOY BUENO; PERO SÉ DECIR QUE NO SOY EL MALO”.

Magnífica expresión cervantina para indicar con sencillez y modestia que nadie puede ostentarse a sí mismo como bueno, pero sí que no se reconoce como malo.

@jagarciavilla