Finalmente se firmó el nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá. El Senado mexicano lo ratificó en cumplimiento de una facultad que le es exclusiva. El Parlamento canadiense hará lo propio sin mayor contratiempo. En Estados Unidos, finalmente lo aprobó la Cámara de Representantes y está por aprobarse en el Senado.

El juego estadounidense es diferente, Trump está por enfrentar un juicio político, aprobado ya por la Cámara de Representantes. Aunque la mayoría Republicana del Senado respaldará el acuerdo impulsado por Trump, se prevé cierta incertidumbre en el juego de temas que se discuten, porque en el fondo el gran tema es el juicio político.

Si usted siguió el debate habrá percibido el gran revuelo que causó, durante unos días, el supuesto madruguete que el Gobierno estadounidense dio al Gobierno de México y, en consecuencia, a todos nosotros, consistente en que contraviniendo la voluntad del Gobierno mexicano, Estados Unidos habría incluido, en letra menuda y en anexos, la intervención de inspectores laborales en México.

La tarea de tales inspectores consistiría en verificar el cumplimiento de la normatividad laboral mexicana y los acuerdos del propio tratado. Recordemos que antes de aprobar el acuerdo, México se vio obligado a reformar la Ley Federal de Trabajo, como condición indispensable para continuar las negociaciones con los estadounidenses. Ya hasta el salario mínimo subió.

¿A qué obedece el interés estadounidense por que México cumpla su propia ley en materia laboral? Primero, la presión provino de Trump, pero después del triunfo demócrata en las elecciones intermedias, la presión aumentó, dada la nueva correlación de fuerzas.

Desde la campaña, Trump se mostró como adalid de los trabajadores y desempleados estadounidenses, es decir, de los blancos pobres o empobrecidos. Responsabilizó al mundo exterior de sus desgracias domésticas y prometió corregirlas. Sus villanos favoritos fueron, han sido y son China y México. Sus acusaciones se centran en la laxitud de la cual gozan en México los inversionistas. Según él ésta es la principal razón por la que los capitales no se invierten en EU y se fugan hacia México. El costo de la mano de obra juega un papel fundamental en ello, México resulta mucho más barato y “competitivo” a decir de muchos supuestos defensores de nuestra soberanía. México atrae inversiones porque el costo de los trabajadores es bajo, en comparación.

Si agregamos a lo anterior la variable demócrata, el asunto se complica. Los grandes sindicatos estadounidenses suelen apoyar a los demócratas y, a cambio, piden apoyo por sus causas. Conforme se dan más incentivos a las empresas estadounidenses y extranjeras, por invertir en EU, más trabajadores estadounidenses serán contratados, más cuotas sindicales se recabarán y se obtendrán más votos demócratas. Por eso conviene a los sindicatos estadounidenses que la mano de obra mexicana se encarezca y, con ello, volverse competitivos frente a México. Un trabajador mexicano con mejor sueldo cambia la relación costo-beneficio para el inversionista que, al final deberá ponderar ventajas y desventajas de uno y otro País.

Algunas conclusiones. 1) Una vez más, presenciamos un diálogo de sordos y la eterna tergiversación de los datos. Unos y otros usan un asunto grave para la nación, para desacreditarse mutuamente. A ver quién dice la mentira más grande. En medio de ese juego quedó Jesús Seade, un negociador maduro, serio, respetable y que dio un resultado esperado. Cierto que mostró poca experiencia política, sus dichos fueron muy honestos, pero el tiro le salió por la culata. Se desató un debate, que al cabo de unos días se aclaró, se acabó y hoy es historia.

2) Sorprende que, escudados en un rancio nacionalismo, nuestros pseudo defensores antepongan al bienestar de los trabajadores, una supuesta defensa de la soberanía, como los fariseos del Evangelio: la forma por encima del fondo.

3) No pretendo defender a los estadounidenses, para ellos es un tema de competitividad y sólo flaquean frente a México en los salarios de hambre que se pagan en el País. Para competirnos, necesitan que los trabajadores mexicanos ganen más. EU aclaró su postura, reculó y reiteró su adhesión a la propuesta de paneles laborales integrados por los tres países.

Resulta absurdo que aceptemos observadores internacionales en materia de derechos humanos, pero los rechazamos en materia laboral. Como diciendo: “éstos son mis trabajadores, sólo yo puedo explotarlos, éstos son mis líderes charros, mis corruptos y sólo yo lidio con ellos”.

@chuyramirezr