Pastora Mira García perdió a su padre, su esposo y dos hijos a causa del conflicto armado interno que vivió Colombia por más de medio siglo. Foto: El Diario NY
Su duro testimonio, narrado en escasas pero concisas palabras, conmovió profundamente al papa Francisco durante el gran encuentro por la reconciliación del país celebrado en Villavicencio, Colombia
En 2001, los paramilitares desaparecieron a mi hija Sandra Paola, emprendí la búsqueda, pero encontré el cadáver solo después de haberla llorado por siete años"...
Pastora Mira García

Pastora Mira García perdió a su padre, su esposo y dos hijos a causa del conflicto armado interno que vivió Colombia por más de medio siglo.

Su duro testimonio, narrado en escasas pero concisas palabras, conmovió profundamente al papa Francisco durante el gran encuentro por la reconciliación del país celebrado en Villavicencio, la parada más importante de la visita del papa al país.

El cara a cara entre víctimas y victimarios realizado a petición del sumo pontífice tuvo un momento de gran emotividad cuando Francisco fijó su mirada un tanto vidriosa en Pastora y no paró de aplaudirla.

Después de escuchar a un ex guerrillero, una ex paramilitar y una sobreviviente de minas antipersona, el papa escuchó con atención la intervención de la mujer de 61 años que acumula en su cara más de un siglo de dolor.

Con una enorme cruz colgada en el cuello, un vestido de flores amarillas y voz firme, Pastora contó cómo la guerra le arrebató a los seis años de edad a su padre, un liberal del municipio de San Carlos, en el departamento de Antioquia (noroeste), que defendía sus ideales en una época marcada por la violencia política en el país.

Casi 20 años después, su primer esposo también fue asesinado cuando su hija tenía apenas dos meses de nacida. Sin embargo, eso no fue impedimento para que Pastora siguiera adelante.

Aunque tuvo que renunciar a su trabajo en el puesto policial del poblado por amenazas de guerrillas y paramilitares que rodeaban la zona, logró con esfuerzo abrir un almacén de variedades que poco después cerró a causa de extorsiones guerrilleras.

El camino no terminaba aún para Pastora, las pruebas apenas habían comenzado y su entereza nunca flaqueó.

"En 2001, los paramilitares desaparecieron a mi hija Sandra Paola, emprendí la búsqueda, pero encontré el cadáver solo después de haberla llorado por siete años", leyó Pastora mirando a los ojos a Jorge Mario Bergolgio.

"¡Pero no todo estaba aún cumplido!", insisitó. Cuatro años más tarde miembros de las desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia asesinaron a su hijo menor, Jorge Aníbal.
Sin saberlo, atendió en su casa a un joven que llegó herido y después de curarse le confesó haber participado en el homicidio de su hijo.

En medio de los aplausos de los más de 6,000 asistentes al evento, Pastora hizo un especial ofrecimiento al "cristo mutilado" del municipio de Bojayá, donde murieron 119 civiles en un choque entre guerrilleros y paramilitares en 2002.

Entregó como ofrenda "el dolor y el sufrimiento de las miles de víctimas de Colombia", representado en una camisa que Sandra Paola, su hija desaparecida, le regaló en vida a su hermano Jorge Aníbal.

Con la fe intacta y la mano en el pecho, la hija, madre y ahora abuela que trabaja por su comunidad y brinda apoyo a quienes han sido afectados por el conflicto, pidió al papa una plegaria "para lograr el perdón y romper el ciclo de violencia de las últimas cinco décadas en Colombia”.

Francisco tomó la palabra y dijo: "Pastora mía, tienes razón, la violencia engendra más violencia, el odio más odio y la muerte más muerte”.

La visita del papa a Colombia ha estado enfocada en la necesidad de perdonar, reconocer y reparar las heridas que dejó en conflicto casi 10 meses después del acuerdo de paz con las FARC y en medio de las negociaciones con el ELN, segunda guerrilla del país.