Debate largo e interminable en las primeras planas de todos los medios nacionales y muchos locales. Las opiniones en redes sociales se polarizaron durante meses. La sociedad civil organizada rechazaba la persistente militarización de la seguridad pública que, además, carecía de sustento legal. Doce largos años sin resultado alguno. Pareció que el cambio iba a darse, pero resultó todo forma cosmética, todo seguiría igual, los resultados están a la vista de todos.

¿Cómo esperar resultados diferentes haciendo lo mismo, en el mismo lugar y con la misma gente? Algo de esto sucede con la Guardia Nacional. Sus defensores dirán que es poco tiempo para evaluar resultados. ¿Olvidan que hace lo mismo que en sexenios anteriores?
Las cifras son las mismas, la inseguridad sigue alcanzando niveles históricos, regresan los secuestros y plazas como la Ciudad de México y Guadalajara, que por una temporada se tranquilizaron, regresan a un terror que parecía haber quedado atrás.

“El show debe continuar”, como si no tuviéramos otras prioridades como defender la integridad física de los mexicanos, el Gobierno Federal decidió encomendar a la Guardia Nacional una misión de “altísima peligrosidad”. Después de meses de negociaciones, tras invertir miles de millones de pesos, con uniformes, tecnología, equipo, autos y helicópteros sofisticados y vistosos, armados hasta los dientes, con uniforme de guerra porque el “enemigo es letal”.

El objetivo de ese aparato son personas que migran de Centroamérica, en su mayoría mujeres y niños, aunque también hay varones adultos. A como dé lugar hay que detenerlos en la frontera sur. Si en mayo pasado ya había 80 mil detenciones es de suponerse que la cifra aumentará una vez que la estrategia se refuerza mediante la militarización. También hay migrantes a todo lo largo de la frontera norte, la misión ahí es impedir, a toca costa, que pasen a territorio estadounidense.

En pocas palabras ésa es la estratégica labor que encargan a la Guardia Nacional. Que yo recuerde, por primera vez en la Historia de México, con la evidente violación a la Constitución, se detiene a personas y familias que intentan salir del país. Una fotografía que documenta estos hechos dio la vuelta al mundo, me llenó de vergüenza y rabia. Unos militares detienen a dos mujeres y a una niña que trataban de cruzar la frontera en Ciudad Juárez. Una cosa es querer ordenar las entradas a México, todos los países lo hacen, y mucho se debate sobre ello. Otra muy diferente es prohibir las salidas, esto es algo vergonzoso, reprobable y anticonstitucional.

El artículo 11 de la Constitución señala y no distingue entre mexicanos y extranjeros: “Toda persona tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar su residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejante
 Toda persona tiene derecho a buscar y recibir asilo. El reconocimiento de la condición de refugiado y el otorgamiento de asilo político, se realizarán de conformidad con los tratados internacionales. La ley regulará sus procedencias y excepciones”.

Más claro ni el agua.

Es el primer logro de la Guardia Nacional. Consistió en violar la Constitución deteniendo mujeres, niños y varones indefensos que, en su condición de migrantes, gozan del amparo de la Constitución y de acuerdos internacionales firmados por el Gobierno mexicano.

En materia migratoria México requiere orden, pero un orden democrático, en estricto acatamiento de la Constitución y los tratados internacionales, particularmente en todo lo relativo a los derechos humanos. Estamos en el siglo 21, la tecnología debe ser un gran aliado, sobre todo porque el enemigo sigue siendo el mismo: la corrupción en sus múltiples manifestaciones.

@chuyramirezr 
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Jesús Ramírez Rangel
Rebasando por la derecha