Me llama la atención la idea de Evgeny Morozov: “Facebook no es gratis. Lo pagas con tu identidad”. Agrego: y lo pagas también con tu privacidad y tu autonomía. Privacidad, autonomía e identidad, son, entre otros, ejes fundamentales de la salud ética de las personas. Cualquier agravio contra esos atributos atenta contra la libertad. La ausencia de privacidad, explica la psicóloga social Shoshana Zuboff, implica “usar información para aprovecharse de la persona, no para revelar algo que quieres esconder”. Meta no declarada de Facebook, redes sociales y sucedáneos, consiste en doblegar a sus usuarios, hacer que se entreguen sin notarlo. Hablar de una “epidemia de entreguismo inconsciente” es exagerado. Reflexionar al respecto es necesario.

Participar en las redes sociales no incomoda a quienes se entregan a ellas sin cuestionar ni su poder ni el mayor o menor sometimiento a las reglas no escritas de ese mercado. Quienes las observan críticamente, contraponen sus beneficios con sus posibles perjuicios. La ecuación siguiente es correcta: “Entre más tiempo se dedica a las redes sociales más te entregas, más dejas de ser tú”.

Las redes sociales reproducen las acciones de la comunidad. Suman y excluyen. Devienen actos positivos y negativos. En un mundo cada vez más globalizado, ¿es posible obviar a las redes sociales? Participar y colaborar, o no hacerlo, implica varias posibilidades. Enumero algunas ideas. Lo hago mientras observo algunos avatares cotidianos del mundo. Numerosos sucesos comunitarios se vinculan, en mayor o menor medida, con las redes sociales. En ocasiones se ganan luchas y otras veces se pierde la vida. Cuando el poder busca venganza contra los instigadores el resultado puede ser cruel y el número de muertos –uno es mucho– enorme.

Comparto diez ideas acerca de las redes sociales:

1. Los viejos poco las usan. Las redes sociales los excluyen.

2. Los pobres acceden menos a ellas por falta de tiempo, por ausencia de voz y por no contar con medios adecuados para conectarse.

3. Hay quienes optan por leerlas, pero no se inmiscuyen ni agregan datos por no desear ser parte de la masa.

4. Hay quienes las leen, pero no colaboran por no estar de acuerdo con los promotores o por honestidad.

5. Algunos sopesan sus éxitos y fracasos y deciden no anotarse por considerar que son más los tropiezos y los muertos que los éxitos, i.e., la primavera árabe.

6. Alegato contra las redes sociales son los perfiles falsos de quienes instan a realizar determinada acción. Es común no saber quién es quién.

7. Las redes sociales pueden convertirse en una epidemia nociva cuando son adolescentes e incluso niños quienes las usan.

8. La dependencia a las redes puede ser un problema complejo. El tiempo dedicado a ellas disminuye el tiempo de estudio y el fomento de relaciones sanas.

9. La vida de algunas redes sociales suele ser efímera. Muchas irrumpen con fuerza y construyen. Tiempo después desaparecen. ¿Es útil la mayoría?

10. Si acaso alguien lee mis disquisiciones-diatribas-ideas-obsesiones-exabruptos-reflexiones antidiluvianas-dudas
 favor de agregar nuevas o borrar y enmendar las previas.

Las redes sociales son multifacéticas. Excluyen a viejos y a la población sin recursos; aglutinan a personas para expresar su acuerdo o desacuerdo con determinada causa; fomentan la alienación; los “usuarios frecuentes” pierden la autonomía y al perderla se vuelven vulnerables y presas fáciles de los promotores de las redes sociales. Imposible frenar su auge e imposible, para los jóvenes, no sucumbir al mundo online.

Concientizar a los niños, en la casa y en la escuela sobre los riesgos implícitos derivados del uso constante de Facebook, de las redes sociales y artilugios afines, es el mejor antídoto para frenar la pseudo “epidemia de entreguismo”. ¿Ser o no ser?, preludio inevitable de cualquier vida. ¿Integrarse y ser o no ser parte de algunas redes sociales? Ésa no es la cuestión. Ésa es la realidad.

Arnoldo Kraus
Opinión Invitada