El fallecimiento de Javier Villarreal Lozano constituye una gran pérdida para la cultura de Coahuila. Periodista, historiador, catedrático universitario, su vida se tradujo en obras que pertenecen a lo mejor de nuestro acervo bibliográfico.

Lo conocí en años de la juventud, cuando vivía con su padre y sus hermanos en una antigua casa de la calle de Hidalgo situada frente a la finca donde después estaría el restorán El Tapanco. Un año mayor que yo, fue compañero de mi hermano Jorge en el Colegio Zaragoza. Fue él quien me lo presentó. Solíamos tomar café en el Élite de Chuy Martínez, y ahí hablábamos interminablemente acerca de los libros que leíamos.

Javier era lector voraz e insaciable. Se decía que había leído uno por uno, según el orden en que estaban colocados en los estantes, todos los libros de la sección de biografías de la Biblioteca Pública del Estado “Manuel Múzquiz Blanco”, la que está en la Alameda Zaragoza.

Yo solía ir a su casa a escuchar música. Ahí oí por primera vez a un cantante que se llamaba Nat King Cole. “Dinner for one please, James”. “Autumn leaves”. “When I fall in love”… Él ponía una y otra vez el disco de poemas de Miguel Herrero. “Tengo el caballo a la puerta. ¿Te quieres venir conmigo?”. El de la muerte de Manolete: “Con estos ojos lo he visto y no lo puedo creer”.

Javier se fue a México a estudiar en la Academia de San Carlos. Poco después yo me trasladé también a la Capital a cursar en la UNAM la carrera de Derecho. Nos encontrábamos para ir a conciertos en Bellas Artes o a la célebre cantina llamada “Las veladoras de Santa”.

A nuestro regreso nos hicimos reporteros de periódico; él en “El Diario”, en “El Sol del Norte” yo. Luego Javier fue llamado a dirigir “El Tiempo” de Monclova. A los 25 años de edad fue director de periódico.

Al paso del tiempo dirigió con acierto diversas dependencias. Fue el primer director de la Comisión de Derechos Humanos de Coahuila. Luego estuvo a cargo del Cavie, Centro de Artes Visuales e Investigaciones Estéticas. En el Centro Cultural “Vito Alessio Robles” llevó a cabo una intensa labor. Sus libros sobre la Revolución, especialmente los que tratan de Carranza, son de consulta obligada para los historiadores.

Por muchos años, hasta su jubilación, profesó cátedra en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila. Dejó profunda huella en sus alumnos.

El fallecimiento de Javier Villarreal Lozano priva a la cultura de Coahuila de uno de sus más prestigiosos representativos. Por este medio –las circunstancias que ha traído consigo la pandemia no permiten otro– hago llegar la expresión de mi sentimiento de pesar a sus familiares. Descanse en paz este destacado saltillense. Su obra perdurará a través de los años.

Armando Fuentes Aguirre 'Catón'

Columna: Presente lo tengo yo