Las universidades dan información, enseñan a investigar. 
El mejor resultado de sus programas educativos es la humanización del estudiante, abrir el abanico de sus destrezas, potenciar su inteligencia, su memoria, su voluntad y su afectividad. 

No es la meta una erudición enciclopédica, sino desarrollar capacidades para enfrentar los planteamientos en cada coyuntura.
La elegancia existencial universitaria manifiesta una serenidad equilibrada, una madurez relacional, una objetividad liberada, una sagacidad tolerante y comprensiva. Es un estilo, un habitual esguince que evita caídas en situación de riesgo. La graduación que arroja el birrete más alto es la que gana el título de interlocutor universal. 

No polémica, no dilema, no autodefensa, no dogmatismo sin autoridad divina, sino diálogo que escucha, comprende, discierne, concede y distingue para construir sin descalificar ni rechazar. La perspicacia y circunspección que todo lo mira, lo capta, lo valora y decanta el oro de la verdad en cualquier posición adversaria y logra confluencias valiosas.

Hay actualmente pésimos ejemplos públicos de interlocución devaluada, abaratada, degradada. Se intimida, se amenaza, se insulta, se sataniza en ridícula actitud soberbia. Es una discriminación de falsificada soberanía que exhibe una inteligencia oscurecida. 

Los grandes temas como la paz en la justicia, la prosperidad compartida de naciones vecinas, la selección de un buen mandatario, el recto uso de los donativos a damnificados y tantos otros, requieren superar el subdesarrollo coloquial para conversar y debatir en un respeto recíproco universitario y civilizado.

La coyuntura mundial y nacional es un gran desafío para que se humanice la humanidad, para que se respete la Creación y para que todas las concentraciones de poder y de satisfactores se conviertan en un bienestar y prosperidad generalizados.
La oleada universitaria irá tomando los timones en esta navegación. Son las universidades las que pueden lograr un mundo más inteligente en una civilización de justicia y de amor, ungida de una verdadera espiritualidad abierta a la trascendencia...