Foto: Archivo
“Él quería encontrar la manera en la cual yo estuviera sola con él. Y no nada más yo: me enteré que a varias compañeras mías, de ahí mismo del salón, también les pedía lo mismo”, explica.

Si las tácticas de aproximación no tienen éxito, los profesores pasan a las represalias, dice Susana, egresada del Tecnológico de Saltillo. A ella le ocurrió con Leonilo, el profesor de Probabilidad y Estadística, quien comenzó pidiéndole que se quedara con él en el salón para “ayudarle a calificar exámenes”.

“Él quería encontrar la manera en la cual yo estuviera sola con él. Y no nada más yo: me enteré que a varias compañeras mías, de ahí mismo del salón, también les pedía lo mismo”, explica.

Pero debido a que la “fama” de este profesor es conocida, las alumnas de su grupo desarrollaron una táctica de defensa: cuando alguna de ellas era invitada a permanecer con el profesor, las demás se quedaban en la puerta esperándola.

Entonces sobrevino el cambio de actitud: “Yo empecé a notar que el profesor ya se empezó a portar de una manera grosera conmigo. Cada vez que yo entraba a clase él me empezaba a decir: ‘a ti ya te veo el otro semestre’, o ‘tú ya no pasas’… o yo quería 
participar y ya no me dejaba”.

De las palabras, el profesor pasó a los hechos: Susana comenzó a reprobar todos los exámenes parciales de la materia y fue necesaria la intervención de un familiar. Para buena suerte de ella, un familiar cercano y el acosador eran viejos conocidos.

De cualquier forma tuvo que presentar exámenes extraordinarios de la materia. En la última oportunidad para pasar, la razón de su “suerte” se hizo explícita: “dale gracias a tu familiar”, recuerda que le dijo Leonilo cuando le entregó el examen y, sin siquiera revisarlo, se lo devolvió con una nota aprobatoria.

LOS COMPAÑEROS TAMBIÉN

Tal como se denunció en la Facultad de Jurisprudencia, Susana refiere que en el caso del Tecnológico de Saltillo no son solamente los profesores quienes practican el acoso hacia las alumnas. También son sus compañeros de clase.

En uno de los complejos de la institución, identificado oficialmente como “Campus Miravalle”, se encuentra un espacio que los alumnos conocen como “el ejido”. Allí están los salones “N” y es una zona de acoso hacia las mujeres, según refiere Susana.

“Se juntan muchos chavos, atrás de la cafetería y cada vez que pasa una muchachita guapa, pues le aúllan… como perros… o sea, le ladran, le aúllan, le aplauden… se escucha hasta el otro edificio… yo tenía un profesor que abría la ventana y les gritaba: ‘¡cerdos, cállense!’”.

Tampoco existe solidaridad entre compañeros y eso vuelve más difícil que alguien se anime a denunciar y a exponer abiertamente la situación. Ni siquiera las integrantes mujeres del cuerpo docente se atreven a impulsar acciones para modificar la realidad dice Susana. A lo más que llegan, dice, es a recomendarles a las alumnas que se den de baja de la materia de los profesores acosadores.