Hola, me da un poco de vergüenza y risa lo que voy a contar. Todos los días desayuno en mi casa, pero creo que soy adicto a comer botanita en el trabajo, lo que se llama comida basura. El otro día la máquina expendedora me dio equivocado lo que compré y le di un golpazo. Después me quedé viendo mi reflejo en el plástico transparente de la máquina y vi como parecía un zombie ávido de porquerías que llevarme a la boca. A veces me compro un paquete de donitas, porque se me antoja una, pero el paquete trae tres... Hay que decir que como sin ganas y, a veces, ni siquiera soy consciente del motivo por el que me lo pide el cuerpo. ¿Qué hago?

Troglodita

Estimado Troglodita:

Eso que comentas, definitivamente no es hambre es ansiedad y eso te hace tener una relación conflictiva con la comida. Lo que debes hacer es analizarte porque estás comiendo por algún motivo emocional. Puede ser que al comer estés intentando gratificarte o que los snacks en la oficina te lleven a la procrastinación, pues al comer aplazas lo que tienes que hacer.

Ten en cuenta que el hambre es una sensación de necesidad y tiene que ver mucho con cómo se han saciado tus emociones a lo largo de tu vida, tal vez esté supliendo algo que no quedó ‘bien alimentado’ a través de la ingesta de comida chatarra. Intenta el siguiente ejercicio, narra para ti mismo en voz alta: mi hambre es ... y ahí describe cómo es insuperable, excesiva, del tamaño del mundo, etc. Luego sustituye la palabra hambre por necesidad y nuevamente analiza el mensaje que te estás enviando a ti mismo.

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