El Instituto Coahuilense de Acceso a la Información (ICAI) se ha convertido en una mera escenografía; el historial y los últimos informes así lo reflejan.

En la sesión 181 fueron resueltos 63 recursos de revisión, 35 para ayuntamientos y 28 para sujetos obligados con el fin de que proporcionaran información.

Sin embargo, en una nota publicada por Armando Ríos en VANGUARDIA (21 de noviembre), el ICAI informó que el 40 por ciento de las solicitudes de acceso a la información dirigidas a organismos públicos no es respondido, pese a “llamadas de atención”.

Hay dos razones para que los sujetos obligados no entreguen información: de plano no saben y no están capacitados o quieren ocultar alguna información. Cualquiera de las dos razones, no se resuelve con llamadas de atención. Una llamada de atención es un grito al viento. Al gobierno, a los funcionarios, o se les sanciona, se les castiga donde más le duele o no aprenden.

El ICAI revisó 212 casos en los cuales identificó que 84 de los recursos de revisión, los sujetos obligados fueron reacios a responder con la información solicitada.

Los más opacos son la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), la Secretaría de Finanzas y el Ayuntamiento de Torreón.

Yo particularmente he tenido una mala experiencia con la Secretaría de Finanzas del estado. En todos mis años ejerciendo el derecho humano de acceso a la información –y el ICAI, que tiene mi historial sabe que es cierto–, nunca había batallado tanto para acceder a información pública como ahora.

Un ejemplo fueron dos solicitudes donde se pidió copia de un contrato y copia de factura de una compra con la empresa GHL Joyas y muebles, S.A de C.V. La Secretaría respondió que la información se encontraba a disposición para consulta directa en el domicilio de la Unidad de Transparencia ubicada en la planta baja del edificio de la Secretaría de Finanzas con domicilio en Castelar y General Cepeda S/N, Zona Centro de Saltillo, en horario de oficina de lunes a viernes de 9 a 16 horas.

Fueron dos solicitudes similares, distintas facturas. La Secretaría de Finanzas arbitrariamente me pidió viajar a Saltillo para conocer algo que puede digitalizar y poner en el sistema. Se pusieron dos recursos de revisión RR00001318 y RR00001218, pero las mismas pasaron sin pena ni gloria. El ICAI nunca las atrajo, no hubo discusión ni dictamen ni resolución. Allí quedaron, en el limbo del sistema de acceso a la información.

Otro caso fue el de la solicitud del gasto en aeronaves. Finanzas reservó la información argumentando temas de seguridad. Se interpuso recurso de revisión y nunca hubo una resolución clara por parte del ICAI. Al final recibí nuevamente la misma respuesta de Fianzas: la reserva de la información, el ocultamiento de información pública.

Vaya, pero es la Secretaría de Finanzas la misma que borra del sistema de obligaciones de transparencia, las adjudicaciones y licitaciones hechas el año anterior. En el portal únicamente aparecen las del año en curso.

La misma que no transparenta el gasto en asesorías y que pide que se consulte de forma directa en un horario prestablecido y decidido arbitrariamente por la dependencia.

AL TIRO

Si una empresa puede tener los ingresos y egresos, ¿por qué un Gobierno no habría de hacerlo? El gasto en asesores, la entrega de recursos, la entrega de ayudas o apoyos sociales, la donación de recursos y demás, deberían estar transparentados casi de ipso facto. No esperar meses ni mucho menos esperar por respuestas obstaculizadas que se convierten en un pantanal.

En los últimos años, municipios y el estado han presumido premios o calificaciones de transparencia, casi como si fueran los santos en esta materia. Se han firmado decenas de convenios, pero estos prácticamente han funcionado sólo para legitimar dependencias opacas. La realidad es que casi todos los sujetos obligados tienen carencias en materia de transparencia.

Pero lo anterior es normal, casi esperado: el que hace la ley, hace la trampa. Pero no esperaríamos lo mismo de un órgano autónomo y garante de la transparencia como el ICAI. Mientras no se haga lo contrario, el ICAI seguirá permaneciendo como lo que ha sido, una mera escenografía. Reflector