En un hecho insólito de cinismo político, aún para los parámetros tan laxos que tenemos en nuestro país, en donde hemos atestiguado abusos de todo tipo, el Gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello puso en marcha una complicada operación que le permitió, dejar de forma momentánea la gubernatura, tomar protesta como senador y volver a la gubernatura a concluir su periodo. Para lo cual reformó la Constitución de Chiapas en un solo día, logrando no sólo el apoyo de la mayoría de los legisladores locales, sino también, la aprobación de más de la mitad de los 124 municipios de la entidad. 

Por si eso fuera poco al someter su solicitud de licencia como senador, la mayoría de la Cámara Alta votó en contra de la misma, encabezados por MORENA, pero de forma sorprendente, bastaron menos de tres horas de operación política para que fuera el propio coordinador de MORENA en el Senado, Ricardo Monreal, el que solicitara una nueva votación para el otorgamiento de la licencia, la cual obtuvo la mayoría de los votos de MORENA, PRI, PVEM, Movimiento Ciudadano, PT y PRD.

El mensaje que hay detrás de las acciones de Manuel Velasco es devastador. Las leyes de nuestro país sirven de poco a la hora de limitar las ambiciones y las acciones de los gobernantes, porque cuando las mismas no sirven a sus intereses y tienen el poder para cambiarlas, van a hacerlo. 

La actitud de Velasco Coello y del Partido Verde no sorprende a nadie, se trata de políticos que transgreden las leyes y comenten actos de corrupción sin ningún pudor y de forma pública. Sin embargo, es incomprensible la posición de MORENA, sobre todo porque la principal bandera política de Andrés Manuel López Obrador en la pasada elección presidencial y uno de los factores que explican su victoria, fue su compromiso para acabar con la corrupción en la política.  

Por tanto, considero que desaprovecharon como bancada una oportunidad de oro para demostrar que son diferentes, que tienen un compromiso serio de combate a la corrupción desde su movimiento. Pero en cambio, con el bandazo que dieron al aprobar la licencia que tres horas antes habían negado, les demuestran a los electores que son exactamente lo mismo que sus antecesores. Es decir, la corrupción se combatirá sólo cuando sea conveniente a sus intereses políticos y cuando un aliado sea el que cometa los actos, le cubrirán las espaldas.

Ya lo escribía Ayn Rand en 1957: “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias mas que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.” Parece que al menos por los siguientes años, México está condenado a seguir por el mismo camino.

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