Los símbolos de la cultura yaqui permanecen vivos. Huele a campo abierto, huele a dignidad

Una de las bondades que tiene una comunidad cuando cuenta con una gobernanza articulada y respetuosa es que sus tradiciones se preservan.

Los yaquis son extremadamente cuidadosos en torno a sus prácticas religiosas de origen católico donde cada participante tiene un papel específico dentro de un orden en el que se recrean ritos centenarios.

El viernes pasado fue el primer viernes de Cuaresma y coincidió el día con mi visita a la nación yaqui al sur de Sonora. El clima era templado, de pronto frío, situación que hizo que fuera agradable la estancia en un lugar en el que a partir de la primavera, y ya entrado el invierno, el calor agobia.

Antes de llegar a este lugar sorprendente por su sencilla belleza donde la tierra fértil pareciera una alfombra de color café oscuro salpicada de caseríos vallados con carrizo, pasé a ciudad Obregón por el doctor Martín Villa, que es un hombre muy respetado en la comunidad yaqui, y por el joven lingüista Fernando Orduña

Cabrera, ambos académicos del Instituto Tecnológico Superior de Cajeme. Me acompañaba el entusiasta guaymense Javier Castillo. Todos somos parte de una asociación civil que tiene como propósito general la conservación y el fortalecimiento del patrimonio integral de pueblos originarios y rurales.

Ya en territorio yaqui, en el pueblo de Pótam comimos una deliciosa “caguamanta”, que es un caldo que anteriormente se cocinaba con carne de tortuga caguama, pero por estar en peligro de extinción se ha sustituido por carne de manta raya blanca o negra. Este platillo es realmente exquisito y para complementarlo nos ofrecieron tamales de verduras y queso.

En la comida estuvieron uno de los capitanes y el Secretario de Gobierno de Rahum, pueblo que fue nuestro destino final, así como el maestro Manuel Bacasegua, principal impulsor de los trabajos en el tejido social y medioambiental de esta comunidad. 

Para el traslado de Pótam a Rahum bastaron unos pocos kilómetros. Es notorio que hay una rica cuenca hídrica que sustenta las actividades agropecuarias en este polígono geográfico, por ello se comprende que los yaquis cuiden tan celosamente su agua ante la creciente demanda que tienen los hermosillenses por el líquido vital.

En el marco de colores ocres de Rahum, saltan a la vista los colores brillantes de las vestimentas de las “yaquesitas” como es el caso de Conchita, que es maestra de lengua yaqui en el Centro Holístico Juya Ania. Ella porta una falda azul turquesa con un rebozo del mismo tono, y su blusa blanca tiene bordados de flores que combinan con el resto del atuendo. 

El Secretario nos explica, bajo la enramada en la que nos encontramos sentados, que esos colores honran la pureza de las mujeres y el cielo. Entre los adultos presentes se encuentra Jesús Daniel, un joven de apenas 19 años quien es responsable de este lugar en el que habrá talleres para recrear la Danza del Coyote, la Danza del Colibrí, la Danza del Venado y Pascolas, así como las Danzas de Matachines. A Jesús Daniel lo conocen como Maleno por haber nacido el día de Santa Magdalena. Está muy comprometido con las causas culturales.

El Gobernador de Rahum nos permitió ser testigos de la consagración de un par de “chapayecas” que son los que representan el rol de fariseos en las actividades de Cuaresma. Uno de ellos, de 21 años de edad, tuvo que esperar el momento de estar casado por las dos leyes para poder ser consagrado con su propia máscara.

La vestimenta de los “chapayecas” es multicolor; en el acompañamiento, el resto de los hombres cubren su cabeza con sombreros de campo y visten camisas de cuadros y pantalones de mezclilla. Todos calzan sandalias de tres hilos. 

La máscara representa un personaje y puede ser cambiada cada tres años. La responsabilidad de los “chapayecas” es para toda la vida, y sólo una enfermedad o la muerte pueden justificar el término de esta obligación. Un grupo de sacerdotes indígenas y de mujeres plañideras atestiguaron la consagración postrados sobre un tapete de fibra vegetal.

La ceremonia de consagración dentro del templo dedicado a Corpus Christi fue impresionante. Afuera del templo se realizó la procesión con la participación de casi un centenar de personas. Algunos traen con ellos bastones y espadas decorados con listones.

En Rahum sigue latiendo el espíritu indomable de los yaquis. Los símbolos de su cultura permanecen vivos. Huele a campo abierto, huele a dignidad. Es un privilegio estar aquí.