De acuerdo con el Presidente de la República, para que podamos ver resultados positivos en el control de la delincuencia es necesario que se consoliden tres acciones impulsadas por su gobierno: los programas sociales, la Guardia Nacional y el abatimiento de la corrupción.

A partir de este planteamiento, Andrés Manuel López Obrador aseguró ayer en Veracruz que harán falta al menos seis meses más para que declinen las cifras delictivas que, hoy por hoy, retratan un escenario de peor violencia que el existente antes de que iniciara la denominada “cuarta transformación”.

Lo primero que se antoja preguntar frente al planteamiento del titular del Ejecutivo es, ¿por qué seis meses? ¿Por qué no nueve? ¿Por qué no 12? O, ¿por qué no tres semanas?

No está claro cómo hace sus cálculos el Presidente y cuáles son los elementos objetivos que usa para decir que en medio año más, es decir, cuando su gobierno haya consumido casi 11 de los primeros 12 meses de su mandato, será un buen momento para exigir cuentas, ahora sí, sin que “el cochinero” que le dejaron sirva de pretexto.

Lo único que puede tenerse en claro, con lo dicho ayer, es que el Presidente busca una bolsa de oxígeno que le permita atemperar los reclamos objetivos que se hacen a partir de una realidad concreta e incontestable: la incidencia delictiva en México ha aumentado en su gobierno.

Una de las peores aristas de esta realidad es la que consignamos en el reporte publicado en esta edición, relativo al hecho de que las mujeres, como suele ocurrir en el mundo entero, han llevado la peor parte con el incremento de la incidencia delictiva en el primer trimestre del año.

En particular debe preocupar lo que ocurre con el delito de feminicidio en entidades como Veracruz, Sonora, Estado de México, Puebla, Nuevo León, Jalisco y Chihuahua, las cuales encabezan el ranking en incidencia de este delito y concentran el 60 por ciento de todos los casos registrados en el País.

La mención de este listado sirve además para insistir en el hecho de que no se trata de señalamientos que tienen el ánimo de lucrar políticamente con el fenómeno de la violencia, pues en esta relación existen gobiernos de todos los orígenes partidistas.

Y esto mismo sirve para insistir en que el Presidente hace mal cuando intenta politizar el tema de la seguridad pública, atribuyendo a sus “adversarios” el interés de “sobredimensionar” el tema, pues los números no mienten y la verdad que retratan es justamente la que se está señalando.

Cabría esperar por ello que los seis meses solicitados por el Presidente para evaluar la eficacia de su estrategia contra la criminalidad sean utilizados para, entre otras cosas, realizar una autocrítica respecto de lo que su gobierno está haciendo, pues claramente no están logrando ningún resultado.

Lo peor que podría pasarnos es que en medio año estemos nuevamente reseñando las invectivas del Presidente contra sus adversarios e intentando explicar nuevamente la realidad a partir de la perversidad de quienes no comparten sus ideas ni ideología.

AMLO busca una bolsa de oxígeno que le permita atemperar los reclamos que se hacen a partir de una realidad concreta: la incidencia delictiva ha aumentado en su gobierno.