Hace crisis la falta de camas en clínicas del IMSS en Saltillo

Ciudadana relata lo doloroso y frustrante que resulta estar en una sala de urgencias del IMSS

Saltillo
/ febrero 6, 2017 - 06:35

Por Sandra Naal

Fotos: Omar Saucedo

Apesar de que el delegado del Seguro Social, Enrique Ramón Orozco Besenthal, anunció recientemente la inversión de 2 millones de pesos en la compra de mil 200 colchones, en nada alivia la falta de espacios para quienes esperan a ser hospitalizados en alguna de las clínicas del IMSS. 

La escasez de camas es tal que las ambulancias de la Cruz Roja que van a dejar a algún lesionado a la Clínica 2 deben esperar hasta 5 horas para entregar al herido... todo por la falta de espacios para recibirlo.

Para “Mary” (nombre ficticio de nuestra entrevistada), el viacrucis que vivió, no se lo desea ni a su peor enemigo.

Mientras que un dolor agudo se alojaba en su vientre y aunque podía necesitar una operación urgente, no había nadie que la auxiliara.

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...La mujer, quien por obvias razones omitió sus generales, se tuvo que conformar con sentarse en la sala de espera de la Clínica 2 del IMSS, para que alguien pudiera atenderla, ya que no podía ni mantenerse en pie, no había camas disponibles y tanto enfermeras como médicos pasaban a su lado como si ella ni el resto de los derechohabientes estuvieran ahí.

Fueron tres días los que tuvo que pasar en una silla metálica del Instituto Mexicano del Seguro Social, con el suero en el brazo, cansada, con dolor, sin poder comer o tomar agua.

Fue un martes cuando llegó a la Clínica 2, el lugar se encontraba abarrotado, nadie les hacía caso a los pacientes; a ella le dijeron que se sentara porque no había especialista, de puro milagro encontró una silla, ya que algunas personas ni a eso pueden tener acceso.

Luego de un día sin recibir atención, la remitieron a la Clínica 1 del IMSS, creyó que por fin sería revisada por un médico, pero sólo se movió de hospital para seguir en la misma situación: de nuevo en una silla, suero y un medicamento que para nada calmó su dolor.

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Fueron dos días más de sentirse grave, ya que en lugar de mejorar, cada vez se empeoraba su malestar: lo único que podía hacer era escuchar los lamentos y llantos del resto de las personas que también necesitaban de un médico de manera urgente, pues habían quienes debían ser operados, pero al no haber camas ni quirófanos disponibles, sólo los hacían esperar en unas sillas duras y muy lejos de ser cómodas.

Otras personas se retorcían de dolor, vomitaban la sala de urgencia y ésto sin que médicos y enfermeras intentaran hacer algo al respecto, ya que aunque de ellos no depende que se cuente con camas, por lo menos deberían de dar un trato humano y digno para los pacientes, lo cual no sucede y sólo recurren a dar un mal servicio o simplemente a ignorar a los enfermos.

Aunque le seguían dando medicamento, no surtía efecto, le dijeron que tal vez tenia piedras en el riñón, pero eso no agilizó la atención, las horas pasaban y no veía ningún avance.

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Fueron las 72 horas más estresantes de su vida, ya que nunca había pasado por una situación de ese tipo, en la que tuviera que esperar tanto tiempo por un servicio de salud que le corresponde por derecho y que el IMSS es incapaz de brindarle con efectividad.

Al tercer día, ya casi rendida, vio salir a un doctor, se paró con todo y suero y le preguntó que si no iba a haber nadie que la atendiera; le respondió que él era el urólogo, pero que él creía que ya no había más pacientes. Muy apenas sí la revisó, le hizo un eco y descartó las piedras en el riñón, ni siquiera pudo contarle sobre su malestar, ya que la consulta duró, a lo mucho, dos minutos, la mandó a su casa y le dijo que hiciera cita para verla después.

Así que se fue con dolor, con medicamento poco efectivo y la frustración de no poder acceder a un buen servicio de salud, ya que el Seguro Social se volvió, al menos para ella, en sinónimo de espera.