José Sulaimán
Tristeza da ver la derrota de un grande, así como el abuso de promotores con boxeadores preliminares con mísera paga.

Cuánta tristeza me produjo el ver la lastimosa derrota de ese grande del boxeo llamado Israel Vázquez. Desde que subió al ring y cuando estaba esperando el toque de la campana para dar principio al combate, le vi la cara de la duda o indecisión. Su expresión no reflejaba el ansia por salir a tirar golpes y ganar... La de la otra esquina, la de Rafael Márquez, era otra, la de siempre: la de un guerrero a la espera del combate...
Tristeza da ver la derrota de un grande, así como el abuso de promotores con boxeadores preliminares con mísera paga.

Cuánta tristeza me produjo el ver la lastimosa derrota de ese grande del boxeo llamado Israel Vázquez. Desde que subió al ring y cuando estaba esperando el toque de la campana para dar principio al combate, le vi la cara de la duda o indecisión. Su expresión no reflejaba el ansia por salir a tirar golpes y ganar... La de la otra esquina, la de Rafael Márquez, era otra, la de siempre: la de un guerrero a la espera del combate...

Toda una vida entregada al deporte del boxeo, me ha enseñado ver en la actitud de reto y en la intensidad de los ojos de un boxeador, sus verdaderas condiciones antes de una pelea. Lo que sucedió después fue para mí, por un lado, la admiración de ver a un Márquez todavía con sus plenas facultades y por la otra la desesperación de ver a un grande que nunca debió de subir a un ring después de varias operaciones en los ojos y una dramática caída de su espíritu, al menos en lo referente a su confianza, pero todavía con un gran corazón.

Vino a mi mente la podredumbre que existe en algunos círculos fuera del boxeador, cuando se ve con cierta frecuencia cómo los que dirigen a los peleadores sólo ven el color del dinero; anteponen esa inmoralidad de situar en segundo término el sentido humanitario de protección de la salud de quien le dio a ganar mucho dinero y una "embarrada" de fama y luces brillantes. Israel Vázquez no debió pelear esa noche y ya no deberá hacerlo jamás; su grandeza debe quedar para siempre en la historia sin exponer más su salud y su vida.

Es, en estos últimos tiempos, cuando he reflexionado sobre la grandeza de un deporte que lleva de la mano a quienes han nacido en la pobreza conduciéndolos a una vida de gloria, de éxitos, de ganar lo suficiente para vivir con la dignidad y comodidad que debe tener todo ser humano, de ser héroes deportivos, firmar muchos autógrafos, muchas fotos, mucha prensa y tv... Pero también muchas tristezas, abusos y limitaciones que se tapan con la luz que emite el que triunfa. Muhammad Ali, Mike Tyson, Roberto Durán, Ray Leonard, Rubén Olivares, por mencionar pocos, han nacido en cunas muy humildes -también J.C. Chávez, quien nació en un vagón de ferrocarril-... Todos ellos luchan para sobrevivir en las calles de los barrios del mundo, pero nacen con una mentalidad de pelear por la vida, de lograr lo que quieren a base de esfuerzo con su mente, sus puños y un corazón de león.

Ninguno de ellos supo retirarse a tiempo, como ahora vemos que sucede a Israel. Y así como sufrieron y fueron víctimas de abusos en sus principios, , los abusos, el hambre, la sed de todo en sus primeros pasos en el boxeo, como tampoco pueden ver que la gloria cubre los ojos del ídolo. info@wbcboxing.com