L'Aquila está destruida en su mayor parte. La inmensa maquinaria organizadora de los miles de trabajadores, diplomáticos, periodistas y personal de seguridad tendría que detenerse y ser desviada. Por lo menos, Berlusconi ya sabe dónde se reunirán los grandes: en el centro de formación de la policía financiera, donde Italia se despidió de las víctimas mortales del terremoto y se reunió el gabinete.
Roma, Italia.- Algunos se frotaron extrañados los ojos y pensaron que se trataba de una broma del "Cavaliere". Silvio Berlusconi ha hecho aprobar a su gabinete algo sorprendente: el traslado de la reunión del G8, programada para comienzos de julio en la pintoresca isla mediterránea de La Maddalena frente a Cerdeña, a L'Aquila, capital de Abruzos, devastada este mes por un sismo.

¿Realmente es tan sorprendente? Al millonario zar mediático milanés se lo conoce desde siempre por sus ocurrencias desconcertantes, que algunos consideran lisa y llanamente rocambolescas y reprobables.

Una de las preguntas que surge ahora es: ¿Los otros siete del club de los ricos están de acuerdo? ¿Y si la tierra vuelve a temblar cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, está cenando con la canciller alemana, Angela Merkel?

Berlusconi nada en un mar de popularidad en Italia, a pesar de que los medios internacionales lo saquen en primera plana bajo otra luz completamente distinta.

Después del asolador terremoto del 6 de abril al noreste de Roma, el mandatario estuvo constantemente con los afectados. Sólo los televidentes del resto de Europa se indignaron cuando Berlusconi recomendó a las personas alojadas en campamentos provisionales que consideraran su estancia ahí como un fin de semana de "camping".

Cuando Italia se unió y las medidas de ayuda funcionaron, una vez más el omnipresente Berlusconi salió beneficiado. Ahora quiere, además, coronarse llamando la atención del mundo sobre la región en ruinas, ahorrar con el traslado mucho dinero, que se necesita urgentemente en Abruzos, y dejarse elogiar por los italianos.

La oposición de izquierdas lo considera un irresponsable chiste publicitario. Además de meter continuamente la pata, Berlusconi tiene ideas imprevisibles, extrañas y toma a menudo caminos no explorados.

Ante el punto más grave de la crisis de la basura, cuyo hedor se alzaba sobre todo Nápoles, Berlusconi quiso trasladar "su" cumbre del G8 a la metrópoli de la Campania para mostrarle al mundo que era "la ciudad más limpia".

Un crucero debía llevar a navegar a los ocho grandes de La Maddalena hasta Nápoles. Sin embargo, lo que se le ha ocurrido ahora podría convertirse en un escenario de película de terror mucho más horrible para el servicio secreto norteamericano y todos los demás funcionarios de seguridad.

Pero Berlusconi llama a la calma. Seguro que los activistas antiglobalización no se atreven a montar una juerga en esa ciudad tan devastada por el terremoto. "La situación está bajo control".

Ahora busca el visto bueno de los demás. El primero en dar luz verde fue Downing Street, según comunicaron a Berlusconi, para satisfacción suya, en la sede romana de su gobierno. "La decisión de dónde celebrar la cumbre corresponde al gobierno italiano", afirmó la portavoz de Gordon Brown, Lynn Eccles.

El gobierno alemán se mostró comprensivo con "ese gesto de solidaridad". Tampoco Japón tuvo objeciones. Las protestas se desataron comprensiblemente en la isla mediterránea, porque ahí ya se ha invertido mucho dinero en las infraestructuras de la cumbre.

Aunque Berlusconi tiene también un caramelo para los sardos. La Maddalena podría acoger la cumbre sobre medio ambiente impulsada por Obama en otoño (boreal). Hasta la reunión del G8 bajo la presidencia de Berlusconi sólo quedan dos meses y medio.

L'Aquila está destruida en su mayor parte. La inmensa maquinaria organizadora de los miles de trabajadores, diplomáticos, periodistas y personal de seguridad tendría que detenerse y ser desviada. Por lo menos, Berlusconi ya sabe dónde se reunirán los grandes: en el centro de formación de la policía financiera, donde Italia se despidió de las víctimas mortales del terremoto y se reunió el gabinete.