Debra Rosenberg
Aunque mucha gente se apasiona acerca del aborto, pocos de ellos gastarían 16 años y 7 millones de dólares de su propio dinero haciendo una película al respecto, especialmente una que trata de no tomar partido.
El productor de películas británico Tony Kaye, quien dice que él no es un "pro-life" (pro-vida) o pro-choice (pro-decisión), sino un "confundido", no puede ni siquiera explicar porqué se obsesionó tanto con el tópico. Pero en su documental de 152 minutos, "Lake of Fire", el cual se estrena en Nueva York en estos días, Kaye -quien también dirigió "American History X"- ofrece una vista exhaustiva en los extremos de la lucha sobre el aborto.

Los "pro-choice" se estremecerán con las imágenes reales sobre abortos -incluyendo un producto muerto de 20 semanas, cuyas extremidades son medidas contra una regla.

Los "pro-vida" se desmayarían si fueran representados a través de los desvaríos de los extremistas como Paul Hill, quien fue el último ejecutado por asesinar a un médico de abortos. Aunque menciona el reciente intento de Dakota del Sur de prohibir casi todos los abortos, la película se concentra en las protestas y en la violencia clínica de la década de 1990. No toma en cuenta ninguno de los cambios de la década pasada.

Los "pro-vida" avanzan desde líneas señaladas en las legislaturas del estado y salones de la Corte, la batalla sobre "aborto de nacimiento parcial" que obligó a los estadounidenses a enfocarse en lo específico del procedimiento, y a cuanta más tecnología sofisticada está cambiando la mentalidad acerca de cuándo empieza la vida.

Sin grises

A pesar de nuestra tendencia a enfocarnos en los extremos del debate del aborto, muchos estadounidenses -incluyendo aquellos que dicen que son pro-decisión o pro-vida- han llegado a darse cuenta que el asunto no será arreglado en el cercano plazo.

Según una encuesta nacional que será emitida esta semana por el influyente medio impreso, "Tercera Vía", casi tres cuartas partes dijeron que ellos desean que los líderes electos busquen un acuerdo común sobre el aborto.

El país está muy dividido en su punto de vista: 40 por ciento de los votantes registrados dice ser pro-decisión, 39 por ciento pro-vida y 18 por ciento contestó que "ninguno". (En una encuesta de Newsweek de votantes de Iowa, el 17 por ciento seleccionó "ninguno"). Aunque muchos liberales temen una reversa del caso a través de la Corte Suprema conservadora, y muchos conservadores temen una cultura desenfrenada sobre el aborto, casi todo el país se ve más ambivalente que inquebrantable.

Lo que nos trae, inevitablemente, a la política de la pregunta: "Tercera Vía" argumenta que los estadounidenses ya han abrazado las complejidades morales del tema y que también los demócratas pueden ganar a través de reconocerlos.

En la encuesta, 72 por ciento dijo que la decisión para tener un aborto debe ser "dejada a la mujer, su familia y su médico", mientas que al mismo tiempo 69 por ciento reconoció que el aborto "es quitar la vida humana". Por lo que mientras los activistas de núcleo duro pueden seguir tan atrincherados como los describe Kaye, muchos en el país están buscando una manera más tranquila de fomentar sus propios puntos de vista. Por primera vez en la memoria reciente, el aborto podría estar fuera de la mesa como un tema de elección general si ambos partidos nominan a los candidatos pro-decisión, los cuales, con Rudy Guiliani en la carrera, simplemente pueden triunfar.

Les interesa unificar criterios

La mayoría del movimiento hacia el centro ha venido del lado pro-decisión, en gran manera fuera de necesidad política. Algunos críticos se quejaron de que los demócratas "angostos de pensamiento" se enfocan en "decisión", esto los hizo aparecer moralmente a la deriva y les costó votos moderados. Aunque la presidenta de NARAL Pro-Choice América, Nancy Keenan dice que ser pro-decisión sigue siendo un activo político, ella también comenta acerca de que "es una meta de sentido común el hacer al aborto menos necesario".

Algunos evangélicos -quizá contemplando una Casa Blanca pro-decisión- han madurado dispuestos a escuchar a los demócratas platicar al respecto reduciendo la necesidad de abortos, aun si ellos no están de acuerdo en la última cuestión de prohibirlos.

Los pensadores religiosos como Garry Willis, un católico romano, han empezado a decir que el aborto no debe ser un asunto religioso. En su nuevo libro, "Cabeza y Corazón: Cristiandades Americanas", Willis argumenta que hasta los papas han dicho que el aborto es un asunto de ley natural, gobernado por la razón y la ciencia, no la religión. "No hay bases teológicas ya sea para defender o condenar el aborto", dice él.

Pero restañar a los oponentes del aborto, demerita todas las conversaciones más suaves. "es políticamente una estratagema para silenciar el debate", dice David O'Steen, director ejecutivo de el National Right to Life Committee. "A ellos les gusta usar el término campo común. El hecho es que el bebé sea asesinado o no".

O'Steen no es el único que rechaza el método centrista. Aunque la Suprema Corte no tiene casos de aborto en sus reportes, la siguiente ronda de casos de la corte sobre medidas pequeñas como forzar a las clínicas a tener instalaciones totalmente quirúrgicas está emergiendo.

La semana pasada en Aurora, Illinois, Planned Parenthood (Paternidad Planeada) se encontró defendiendo su intento de abrir una nueva clínica enlistando a su propietario como Gemini Office Development LLC. El gambito fracasó; continuaron dos semanas de protestas. Lo que podría ser un nuevo cebo para Tony Kaye, quien quiere hacer otra película. Aún si más estadounidenses se administran para encontrar consenso, todavía hay suficiente lucha hasta la muerte para mantener ocupado a Kaye durante los años por venir.