La Jornada
"Es necesario hacer de la ópera algo fuera de lo convencional, algo más dinámico, más moderno, más teatral; que los elementos estén en verdad para contar la historia y no para lucir sólo a los cantantes y a la música; que la escenografía deje de ser sólo un elemento decorativo", sostiene Ballina
México, D.F.- El estreno en México de la ópera Muerte en Venecia, que tendrá lugar hoy en el teatro Julio Castillo de la Unidad Cultural del Bosque (atrás del Auditorio Nacional), marca el debut como director escénico de Jorge Ballina, quien ha consolidado una importante carrera como escenógrafo, la cual, incluso, ha sido reconocida internacionalmente.

"Es necesario hacer de la ópera algo fuera de lo convencional, algo más dinámico, más moderno, más teatral; que los elementos estén en verdad para contar la historia y no para lucir sólo a los cantantes y a la música; que la escenografía deje de ser sólo un elemento decorativo", sostiene.

"Por eso escogí esta obra, porque está hecha para contar la historia, no para otra cosa. No es una ópera espectacular en cuanto a la música, ni se luce el cantante en las arias, porque ni siquiera las hay; no es de un numerito y aplausos, la historia se cuenta de continuo."

Dar el salto a la dirección escénica dentro de este género era quizá un paso natural en la trayectoria de este joven arquitecto mexicano, luego de haber realizado la escenografía de ocho de los títulos más espectaculares que se han producido en México en los recientes años, entre ellos la de la monumental tetralogía de El anillo del nibelungo, de Richard Wagner, dirigida por Sergio Vela.

Con mirada cinematográfica

La propuesta que Ballina hace en ésta, la última ópera escrita por el fallecido compositor inglés Benjamin Britten, basada en la novela homónima de Thomas Mann, es acaso la síntesis y el clímax, hasta el momento, de su quehacer como escenógrafo, al diseñar un montaje en el que el factor visual resulta apabullantemente asombroso, por su excelente factura e incesante movilidad, según se constató en el ensayo general de la obra, el viernes pasado.

El creador se vale de una amplia gama de recursos técnicos, entre ellos un espejo de agua, maquetas, plataformas y marcos móviles, así como de un cuidado diseño de iluminación, para situar y embeber al espectador en diversos paisajes, atmósferas y situaciones que, ante la mirada atónita, cambian en fracciones de segundo, en un discurso muy cinematográfico.

Así, uno puede ubicarse dentro de una embarcación y ver a lontananza cómo ésta va aproximándose a la veneciana plaza de San Marcos, o también observar cómo los personajes se transportan en góndola y, en un santiamén, se ubican dentro del lobby, una habitación, un elevador del hotel Lido, en una playa, en el interior de una iglesia o en la sala de un museo.

A ello debe sumarse el frenético dinamismo que mantienen los 39 integrantes del elenco, entre cantantes, actores y bailarines, durante las dos horas y media de la puesta en escena, en la que, por cierto, se encuentran intercaladas varias coreografías dancísticas.

-¿La dirección escénica de ópera era un paso natural en su carrera? -se le pregunta a Ballina al término del ensayo, en breve entrevista.

-Siempre, cuando diseño una escenografía pienso mucho como director, obviamente de la mano de quien se ha encargado del montaje. También había hecho algunos espectáculos de teatro-danza, Giselle, sí es él y Llenado el vacío, en el que había codirigido con la coreógrafa Alicia Sánchez.

"Fue así que pensé que podía dirigir una ópera, pero lo veía como un hecho remoto, algo así como a cinco años, y lo propuse a la ópera de Bellas Artes. Presenté varias propuestas, una de ellas la Muerte en Venecia, porque lo vi en Inglaterra hace un par de años, y de inmediato me dijeron que sí. Casi muero de pavor.

"Después se pospuso, y entonces tuve mucho tiempo para estudiarla, diseñarla y prepararla con toda calma. Me junté con todo el equipo y de pronto me sentí muy cómodo armando el espectáculo por completo."

Venecia, otro personaje

-Sin duda, ha sido una buena oportunidad para sintetizar todos sus conocimientos y experiencias en el ámbito escénico.

-Por eso me gustó esta ópera, porque está escrita para actores, bailarines y cantantes, además de que la escenografía es muy importante. Venecia es un personaje, no sólo sirve como telón de fondo a la historia, como ocurre en cualquier ópera, sino que realmente es de vital importancia ver y sentir esa ciudad.

"También es una ópera escrita en términos muy cinematográficos, ya que las acciones cambian de lugar de un instante a otro, y eso es algo que siempre me ha gustado. De allí que me haya interesado contar la historia con todos esos elementos juntos."

-¿Hasta dónde se ha valido de su experiencia como escenógrafo en esta faceta de director?

-Cuando soy escenógrafo me gusta contar las historias con imágenes, que el espacio se transforme, que estén pasando cosas; no puedo hacer una escenografía estática, de telón de fondo o de adorno, sino que en ella siempre debe suceder algo.

"En una ópera es muy importante lo visual, porque el público generalmente no entiende lo que dicen los cantantes, por estar en otro idioma, además de que muchas veces la historia es muy elemental, y lo visual, además de ayudar a contarla y resaltarla, tiene que hacerla más entretenida."

-¿Qué es lo que busca transmitir con este título?

-Me interesa contar la historia lo más entretenida y claramente posible, y me gusta la transformación del personaje principal a lo largo del montaje, cómo, de ser alguien cuadrado, sumamente racional, reprimido, que sólo piensa y no siente y no actúa, termina por vivir apasionadamente, como nunca lo había hecho, aun a costa de su propia muerte, lo cual no le importa.

-¿Se dedicará en adelante a la dirección escénica?

-No. Primero que nada soy escenógrafo y quiero seguir siéndolo como mi primera profesión. De vez en cuando me gustaría estar al frente de algún montaje de ópera o de teatro-danza. Es mucho trabajo, necesito esperar algunos años para mi próximo trabajo como director.