El Universal
Sabah anotó el gol más grande de su carrera, dándole al Tri una merecida y obligada vitoria ante EU; México dio un paso más hacia el Mundial 2010, ante un magno estadio Azteca
México se ha ganado el derecho de sentirse fuerte en la lucha por un boleto al Mundial. Un festejo de magnitud elevada por el triunfo que los de Javier Aguirre han sacado para evitar el desastre. El impacto de esta victoria sobre Estados Unidos (2-1) influirá en lo que resta de la eliminatoria y hasta Sudáfrica.

Así de importante ha sido lo conseguido por los elementos tricolores, quienes como en la Copa de Oro, se olvidaron del tormentoso pasado ante los estadounidenses para remontar una desventaja temprana y llevarse tres puntos en la eliminatoria.

Rugió el Azteca, que luego del gol de Miguel Sabah, el del triunfo, no paró de vibrar. Cobró vida el gigante, el de Santa Ursula y el de la Concacaf, dormido buena parte del hexagonal. Lo de ayer ha sido un premio a la paciencia y esfuerzo de los 11 en la cancha, además del aguante de los miles en la tribuna, que hoy retornarán a sus actividades con el pronóstico cumplido, pues según la encuesta que realizó EL UNIVERSAL, la afición vaticinó la victoria tricolor por 2-1.

Pero para salir del Azteca con el triunfo, primero tuvieron que sufrir de todo, cosa normal con México. Israel Castro y Miguel Sabah tuvieron uno de los mejores días en su vida como futbolistas. Ellos concretaron el esfuerzo del resto del equipo y desataron la locura.

El inicio del cuadro verde fue alentador, pero recibió un golpe que lo mareó rápidamente. La combinación de experiencia y juventud que probó Aguirre en la zona de creación -vía Cuauhtémoc Blanco y Giovani dos Santos- comenzó con dos jugadas que animaron al resto del equipo. Pero algo pasó en el intento mexicano por irse al frente, que un descuido los puso contra la lona, a pesar de tenerlo todo en favor. Una mala salida por derecha le abrió camino a Charles Davies (9'), quien hizo el 0-1 para hacer recordar los peores momentos del futbol mexicano ante EU.

Era la peor pesadilla de los tricolores vuelta realidad. Para empeorar el escenario, Bob Bradley paró su equipo para evitar algo similar a lo ocurrido en la final de la Copa de Oro: dos murallas blancas que protegían la portería de Tim Howard, y de las que ocasionalmente se desprendía algún elemento para acompañar a Landon Donovan y a Davies en contragolpe.

Pero el juego del gato y el ratón, muy socorrido por la visita, no tuvo la fuerza suficiente para mermar el ánimo de los de Aguirre, envueltos en una confianza de oro, que les permitió sobreponerse a los errores cometidos en el gol de Davies para encontrar camino y recuperar el juego.

Castro (19') abrió el camino a la locura. Porque aunque el mediocampista pensó para disparar un pase de Cuauhtémoc Blanco cerca del área estadounidense, el disparo que salió de su pierna derecha evitó todo lo que estaba enfrente, excepto el travesaño y la red, que se cimbró aún más con el grito de gol.

Había comenzado otro partido, uno muy similar a esos ocho minutos anteriores al gol de Davies. Un juego en el que México proponía, obligado por su situación en el grupo del hexagonal y los de Estados Unidos esperaban otro descuido que nunca más llegó, aún con algunos errores, producto de los nervios.

Pero nada, los verdes se perdían entre ese par de murallas blancas que apenas dejaban pasar el aire por la cancha del Azteca, que rogaba por la victoria. Vinieron los cambios de Aguirre y la renovación en la forma de atacar en busca de la victoria. El estratega mexicano sacó a Blanco por Carlos Vela, a Andrés Guardado por Nery Castillo (70') y a Guillermo Franco por Sabah (79'), este último daría números definitivos a la casa.

Efraín Juárez lavó el error que abrió la puerta a los visitantes, al internarse por derecha, muy cerca de la línea final, y servir a Sabah, quien después de un complicado control, logró sacar el 2-1 final en el minuto 82. Un gol que hizo perder el miedo.

Aguirre salió disparado de la banca para abrazar cuanta camiseta verde se lo puso enfrente, apenas se dio por finalizado el duelo. La emoción que invadió al técnico era apenas un reflejo de lo que movía las tribunas del Azteca con la ilusión de ir al Mundial.